"Tener un bombo"

Según Eurostat, 5,4 millones de niños nacieron en Europa en el 2008. Si bien ninguno de estos pequeños "panes en el horno" como dicen los ingleses, nace en las rosas o debajo de los repollos, todos han salido del vientre de la madre "preñada". Breve repaso de las expresiones europeas de maternidad.

Publicado en 18 septiembre 2009 a las 16:23
Ilustración de Henning Studte

Nada que ver con el parto de los montes, las mujeres sólo traen al mundo pequeños angelotes de dedos minúsculos, piel de melocotón y tres pelitos en el melón… En cuanto unos recién estrenados padres tienen en sus brazos al pequeñín, éste se convierte en el mayor de sus tesoros.

Los italianos, crédulos, recolectan sus hijos con la fresca, en una hilera de repollos recubiertos de rocío: “I bambini nascono sotto i cavoli”. ¡Gracias Madre Naturaleza! Esta curiosa idea hortense ha viajado también a Francia, donde se dice que las niñas nacen “en las rosas”. El mito de la cigüeña también se ha dado una vuelta por los campos lingüísticos europeos. En Alemania, por ejemplo, el pájaro muerde a la futura mamá para fecundarla (“Vom Storch gebissen”). Ahora bien, la leyenda de este ave zancuda afrenta seriamente a las mujeres, ya que son estas las que hacen todo el trabajo, después de que la semillita haya sido plantada, llevando y extrayendo su progenie. Bien parece que durante todo el proceso no hay nada de mágico.

Los españoles, más prosaicos, sí que lo han entendido: “Tener un bombo” evoca la imagen de un vientre como un enorme tambor directamente salido de una charanga. Se mueve, se hincha, ronronea en el interior, como un bizcocho que se está horneando en el vientre de la madre: “to have a bun in the oven” dicen, de hecho, los ingleses, dándole esta vez a la mujer el papel de un cálido hogar. Los alemanes, carnívoros, prefieren un buen trozo de carne asada: “einen Braten in der Röhre haben”. Tras otra expresión francesa se esconde el secreto, a veces dramático, de encontrarse una sorpresita inesperada, cual polichinela en un cajón: “trouver une polichinelle dans le tiroir”, que no teníamos apuntada en nuestra agenda y que hace que nos encontremos con el bombo antes de lo previsto.

Eso sí, recordemos que el viaje por el universo de la maternidad merece la pena, ya que una vez expulsado el niño a la corteza terrestre, se le da a luz, “dare alla luce”, como dicen los italianos. En ese instante se cierran los picos políglotas, y frente al silencio patidifuso de los padres que acaban de serlo sólo se escucha un suave gorjeo de pajarito, suspendido en el aire, sobre la cuna.

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Jane Mery, Traducción : Manuela Ponce

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