La situación actual en Bosnia evoca lo acontecido a principios de la década de los 90, justo antes de la guerra, y no se pueden negar los paralelismos con esa época de inestabilidad política, de pseudopolíticos, de miedos y esperanzas colectivos.
El muro de Berlín cayó, pero los ladrillos nos han dado en la espalda. Yugoslavia desapareció con un desmantelamiento sangriento.
Lo que provoca el caos hoy en día son las amenazas de secesión de una parte de Bosnia-Herzegovina denominada la República Srpska. Esta entidad, que nació oficialmente con los acuerdos de Dayton de 1995, representaba entonces el territorio étnicamente purificado bajo el control de las fuerzas serbias.
Radovan Karadzic, el líder de esta entidad insurgente de Bosnia-Herzegovina durante la guerra, basó su política en la islamofobia y en el mito de la amenaza que supondrían los bosniacos musulmanes para el pueblo serbio. El nivel de amenaza que representaban los bosniacos para los serbios era más o menos el mismo que el que representaban los judíos para los alemanes en la década de 1930.
El dirigente actual de los serbios de Bosnia hace algo similar: está logrando los objetivos de guerra de Karadzic por medios políticos. Y, por si fuera poco, su islamofobia le asegura un apoyo considerable de los líderes y partidos antiliberales europeos.
Desde el final oficial de la guerra (porque no ha terminado, solo se ha interrumpido), nunca había imperado una histeria colectiva tal, un miedo de que empiece un nuevo conflicto. La gente ya ha vivido esta experiencia inútil, no tienen ganas de revivirla.
No son muchos los que siguen prestando atención a las ofensas cotidianas, ni a las descaradas mentiras con las que Milorad Dodik inunda los medios de comunicación.
Algunos analistas intentan justificar esta crisis política con el cliché de que los políticos se valen de una retórica hostil con fines electorales, para así desviar la atención de sus propios delitos. Sin embargo, la propaganda bélica es la que es, y no tiene ningún significado oculto.
Milorad Dodik cree de verdad en lo que dice. Sus palabras son incendiarias y desde hace mucho tiempo sus discursos se pasan de la raya; pero la gente se ha acostumbrado a sus peroratas ultranacionalistas. Y es precisamente lo que Dodik quiere: pretende que los ciudadanos de Bosnia-Herzegovina y los partidos probosnios se harten de todo este circo y empiecen a aceptar a regañadientes una nueva realidad. En ella, la República Srpska pertenecería a Serbia, algo que Milorad Dodik sabe que es inviable por medios pacíficos.
Táctica de la rana hervida
Por eso, está empleando la táctica de la rana hervida, inspirada de la fábula que cuenta que, si se echa una rana en agua fría y se aumenta la temperatura muy progresivamente hasta llegar a la ebullición, la rana terminará hervida sin darse cuenta. La rana somos nosotros, los ciudadanos, y el propio Estado de Bosnia-Herzegovina.
Si la Asamblea Nacional de la República Srpska vota a favor de la retirada de las Fuerzas Armadas de Bosnia-Herzegovina, de la Agencia nacional de investigación y protección para el impuesto indirecto, significaría el fin oficial del Estado de derecho en Bosnia-Herzegovina. En la anarquía que se produciría, la República Srpska se convertiría en una entidad política no reconocida, como Transnistria o Abjasia (una entidad que gozaría del reconocimiento de los países antiliberales de la UE). Y para toda Bosnia-Herzegovina supondría una verdadera catástrofe demográfica, económica, cultural y moral.
Después llegarían los conflictos armados. Nadie puede predecir la intensidad de esta nueva guerra, pero sus consecuencias serían devastadoras para todos los habitantes del país, por la simple razón de que aún no nos hemos repuesto de los traumas de la última guerra. Tampoco tenemos necesidad de nuevos enfrentamientos. Por no hablar de todas las personas asesinadas, heridas, desplazadas o desaparecidas. Desde la última guerra, 7500 personas siguen desaparecidas en Bosnia-Herzegovina.
La política secesionista de Milorad Dodik y su partido se remonta a 2006 y no ha cambiado nada desde entonces. Las sanciones americanas no le han afectado mucho más que la actitud indiferente de la UE. Detener a un político matón de esta índole solo podrá hacerse a la fuerza.
Traten de imaginar a la persona en el cargo de Presidente de la República de Alemania negando el Holocausto
Dodik y los nacionalistas serbios iniciaron el bloqueo de las instituciones comunes del país porque el Alto Representante para Bosnia-Herzegovina (una figura prevista por los Acuerdos de Dayton), Valentin Inzko, aprobó al final de su mandato [en agosto de 2021] una "Ley sobre la prohibición de la negación del genocidio, de los crímenes contra la humanidad y de los crímenes de guerra demostrados mediante sentencia firme de tribunales nacionales e internacionales". En medio del caos político que se produjo como consecuencia, todos los políticos serbios (incluyendo los más moderados) condenaron esta ley al unísono, pues para la clase política serbia negar el genocidio de Srebrenica [julio de 1995] se ha convertido en algo normal, incluso prestigioso.
Traten de imaginar a la persona en el cargo de Presidente de la República de Alemania negando el Holocausto. Esto es lo que ha ocurrido en Bosnia-Herzegovina, porque, como Milorad Dodik forma parte de la Presidencia tripartita rotatoria, terminará a la cabeza de la Presidencia de este Estado que tanto aborrece.
La escalada de esta política separatista forma parte de una estrategia geopolítica más amplia, llevada a cabo junto con Serbia y, entre bastidores, con Rusia ejerciendo como gran hermano. El origen de la crisis actual no es la ley de Inzko, sino el deseo del líder de los serbobosnios de que el Estado de Bosnia-Herzegovina desaparezca para que todos los serbios vivan en un solo país.
Desde el final oficial de la guerra (porque no ha terminado, solo se ha interrumpido), nunca había imperado una histeria colectiva tal, un miedo de que empiece un nuevo conflicto. La gente ya ha vivido esta experiencia inútil, no tienen ganas de revivirla. Ya no creo en las palabras vacías que nos aseguran que no estallará la guerra. Por supuesto, tengo la esperanza de que no se produzca, pues la destrucción que se produciría podría desencadenar la desintegración total de varios Estados de los Balcanes, en particular los "Estados frágiles", es decir, a los Estados multiétnicos. Redefinir las fronteras de los Balcanes probablemente genere un caos más generalizado.
Cuando se abre la caja de Pandora, es imposible controlar lo que saldrá. Y esto es lo que reclaman numerosos militantes y líderes de la ultraderecha en Europa.
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