Análisis Tensiones nacionalistas en los Balcanes
Milorad Dodik (centro), el presidente serbio Alexander Vucić y el fantasma del antiguo líder nacionalista serbio Slobodan Milosević.

El fantasma de la guerra vuelve a acechar Bosnia

Desde su creación en 1995, Bosnia-Herzegovina nunca había estado tan cerca de separarse como tras la reciente amenaza de secesión pronunciada por el líder de la presidencia rotatoria de Bosnia-Herzegovina, el serbio Milorad Dodik. Una estrategia cuyo objetivo es cumplir las aspiraciones que tenían los nacionalistas serbios durante la guerra de Bosnia, advierte desde Sarajevo el escritor bosniaco Faruk Šehić.

Publicado en 1 diciembre 2021 a las 09:40
Corax  | Milorad Dodik (centro), el presidente serbio Alexander Vucić y el fantasma del antiguo líder nacionalista serbio Slobodan Milosević.

La situación actual en Bosnia evoca lo acontecido a principios de la década de los 90, justo antes de la guerra, y no se pueden negar los paralelismos con esa época de inestabilidad política, de pseudopolíticos, de miedos y esperanzas colectivos.

El muro de Berlín cayó, pero los ladrillos nos han dado en la espalda. Yugoslavia desapareció con un desmantelamiento sangriento.

Lo que provoca el caos hoy en día son las amenazas de secesión de una parte de Bosnia-Herzegovina denominada la República Srpska. Esta entidad, que nació oficialmente con los acuerdos de Dayton de 1995, representaba entonces el territorio étnicamente purificado bajo el control de las fuerzas serbias.

Radovan Karadzic, el líder de esta entidad insurgente de Bosnia-Herzegovina durante la guerra, basó su política en la islamofobia y en el mito de la amenaza que supondrían los bosniacos musulmanes para el pueblo serbio. El nivel de amenaza que representaban los bosniacos para los serbios era más o menos el mismo que el que representaban los judíos para los alemanes en la década de 1930.

El dirigente actual de los serbios de Bosnia hace algo similar: está logrando los objetivos de guerra de Karadzic por medios políticos. Y, por si fuera poco, su islamofobia le asegura un apoyo considerable de los líderes y partidos antiliberales europeos.


Desde el final oficial de la guerra (porque no ha terminado, solo se ha interrumpido), nunca había imperado una histeria colectiva tal, un miedo de que empiece un nuevo conflicto. La gente ya ha vivido esta experiencia inútil, no tienen ganas de revivirla.


No son muchos los que siguen prestando atención a las ofensas cotidianas, ni a las descaradas mentiras con las que Milorad Dodik inunda los medios de comunicación.

Algunos analistas intentan justificar esta crisis política con el cliché de que los políticos se valen de una retórica hostil con fines electorales, para así desviar la atención de sus propios delitos. Sin embargo, la propaganda bélica es la que es, y no tiene ningún significado oculto.

Milorad Dodik cree de verdad en lo que dice. Sus palabras son incendiarias y desde hace mucho tiempo sus discursos se pasan de la raya; pero la gente se ha acostumbrado a sus peroratas ultranacionalistas. Y es precisamente lo que Dodik quiere: pretende que los ciudadanos de Bosnia-Herzegovina y los partidos probosnios se harten de todo este circo y empiecen a aceptar a regañadientes una nueva realidad. En ella, la República Srpska pertenecería a Serbia, algo que Milorad Dodik sabe que es inviable por medios pacíficos.

Táctica de la rana hervida

Por eso, está empleando la táctica de la rana hervida, inspirada de la fábula que cuenta que, si se echa una rana en agua…

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