Nada de dimisiones, ni de elecciones anticipadas, ni de subida de impuestos. Perfecto. Se recortan los gastos. El presidente de la República muestra su apoyo. Y el Tribunal Constitucional abre las puertas a la igualdad definitiva entre los asalariados del sector público y del privado. Al fin y al cabo, ¿qué más puede pedir el primer ministro Passos Coelho para hacer lo que siempre ha querido hacer?

Passos Coelho ha aprendido la lección. Ha manejado la reacción. Ha dramatizado. Ha vuelto ha echar la culpa al Tribunal Constitucional. Y se dispone a sacar provecho de las ventanas que se han abierto ante la puerta que se ha cerrado. Es un juego de manos político. Una oportunidad de poner en práctica una política para el Estado que jamás ha existido.

Passos Coelho quiso que el programa de ajustes fuera la vía que permitiera reformar el Estado y crear unas instituciones para una sociedad más moderna, en una cultura de competencia y en una economía de igualdad de derechos y oportunidades. No lo ha logrado porque ni siquiera lo ha intentado hacer. En lugar de centrarse en el progreso, se limitó en el regreso a los mercados.

Una vía, no un objetivo

En estos momentos, seguimos sin saber qué quiere el Gobierno en materia de reforma del Estado. Sabemos que hay que recortar en los gastos públicos para siempre. Pero el objetivo de reducirlos 2.500 millones de euros en 2014 de un total de 4.000 millones de aquí a 2015 se ha vuelto políticamente y socialmente imposible. ¿Se habría logrado sin su fracaso ante el Tribunal Constitucional?

El país que no quiere más impuestos tampoco ha querido los recortes en los gastos públicos, ya que comprendió que eso equivaldría a recortar los sueldos y las pensiones. Pero esa era la vía correcta y siempre lo ha sido. Aunque es una vía, no una finalidad en sí misma. La siguiente vía probablemente será la de cerrar hospitales, reducir los subsidios y las subvenciones, despedir a profesores, suprimir empresas públicas. Ya debería haberse recorrido hace tiempo una parte de este camino. Dos años después de la solicitud de intervención exterior, las familias y las empresas se han adaptado, pero no el Estado.

Equilibrismo político

Habrá peticiones de flexibilización del déficit y de renegociación de la deuda pública. La austeridad anunciada aumentará la pobreza, mediante los recortes sociales, así como el paro, por el despido de los funcionarios públicos. Sobre todo porque, de nuevo, la nueva austeridad no sustituye a la antigua, sino que se añade a ella. Recortar los gastos del Estado tan sólo resuelve una parte de lo que está en juego, es decir, la construcción de un Estado mejor, dotado de un sistema político no corrupto, de instituciones más fuertes, que vele por una sociedad que crea en un proyecto.

Passos Coelho ya no tiene otra alternativa. ¿Con esta decisión del Tribunal Constitucional y la salida de Miguel Relvas del Gobierno se pasa una nueva página o hay que tirar el libro entero?

Aquí es donde entra en juego el Partido Socialista el principal partido de la oposición, que ha presentado una moción de censura contra el Gobierno el 3 de abril. El país se encuentra políticamente acorralado: por un lado, la derecha, por otro, la izquierda y el centro temporalmente vacío. Se han destruido los puentes tendidos. Si esta ruptura perdura, el Gobierno que no ha caído el 7 de abril no se sostendrá hasta el 15 de octubre. Este año, se han hecho malabarismos con el déficit. Pero con el presupuesto de 2014, es imposible que se doble sin romperse. El país no podrá reformarse sin que la izquierda y la derecha se sienten en el centro, ni mientras Passos Coelho y Seguro [el líder de PS] no hagan nada por mover ni una sola piedra de la montaña que han creado entre ellos.