Represa de Blufi, abandonada durante unos treinta años, en las estribaciones de la cordillera de Madonia. | Foto: Davide Mancini

El clima en Sicilia: entre el desierto y los trópicos

Si no se toman medidas, las alteraciones en el patrón de las precipitaciones, así como las derruidas infraestructuras hidráulicas, van a cambiar el ecosistema de Sicilia para siempre.
Entre la sequía extrema y las inundaciones repentinas, el Mediterráneo parece estar poco preparado frente al cambio climático.

Publicado en 25 noviembre 2021
Represa de Blufi, abandonada durante unos treinta años, en las estribaciones de la cordillera de Madonia. | Foto: Davide Mancini
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«Si esto continúa, en pocas décadas la mitad de Sicilia será como Túnez. Con la diferencia de que en Túnez los agricultores han convivido con ese clima durante siglos, mientras que aquí no», afirma Christian Mulder, profesor de Cambio Climático y Desertificación en la Universidad de Catania, que ha trabajado el cambio climático en el Mediterráneo durante décadas. Cuando lo conocí, en la Piazza dell'Università en septiembre de 2021, hablamos de la intensidad creciente de las sequías y del aumento sustancial de las temperaturas en Sicilia. En Siracusa, a menos de 70 kilómetros de distancia, el verano pasado se registró la temperatura más alta en la historia de Europa: 48.8°C.

La tendencia al calentamiento en el Mediterráneo afecta particularmente a Sicilia: el 70 % de su territorio corre el riesgo de sufrir un proceso de desertificación. Entre los períodos de sequía y el empeoramiento de las olas de calor, así como la creciente frecuencia de las lluvias extremas, que producen inundaciones repentinas que afectan las capas de suelo fértil, el ecosistema de la isla está cambiando rápidamente. Por un lado, el calentamiento del clima, que ya permite el cultivo de especies de frutas tropicales como mangos, aguacates y, recientemente, café; por otro lado, la escasez de agua amenaza con dañar irreversiblemente la fertilidad del suelo. Esta tendencia afecta particularmente a muchas áreas que hoy son productivas, en el centro y en el sur de la isla, pero que afrontan, cada año, peores sequías.


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Además, Sicilia está particularmente expuesta -con sus 1600 kilómetros de costa- a los denominados huracanes mediterráneos o medicanes. Se trata de un tipo de ciclón que, por su intensidad, es inusual en el mar Mediterráneo. Se suelen formar en otoño, cuando, gracias a las lluvias, comienzan a bajar las altas temperaturas de los típicos veranos secos de este clima. Puesto que los países mediterráneos no están preparados para estos eventos climáticos extremos, el proceso de desertificación se acelera, a medida que las inundaciones deterioran las capas de suelo fértil, que tardaron siglos en formarse.

Inundaciones repentinas en la carretera principal que desemboca en Augusta, Siracusa, debido al medicán Apolo. La ciudad portuaria estuvo cortada durante varias horas. | Foto: Davide Mancini

La parte oriental de Sicilia ha sido históricamente una zona muy fértil. Gracias al volcán Etna, el suelo está repleto de nutrientes y minerales, lo que ha permitido que la agricultura se desarrolle ininterrumpidamente durante milenios. Los agricultores de las laderas del Etna sacan provecho de su altitud de 3300 metros, del agua de sus campos de nieve y de sus acuíferos subterráneos, cuya agua se renueva regularmente.

Es aquí donde se pueden encontrar, en la actualidad, muchos cultivos tropicales, así como los tradicionales viñedos y plantaciones de pistachos. Las aguas subterráneas del Etna, sin embargo, no llegan más allá de unos pocos kilómetros. El nivel de los acuíferos más lejanos baja a tal velocidad que, en algunos casos, la electricidad para hacer funcionar las bombas de los pozos es tan costosa en relación con los ingresos de la cosecha que las bombas no están siendo utilizadas. 

Los agricultores de la llanura de Catania padecen, cada vez más, períodos extendidos de sequías. En medio de la sequía de agosto, con temperaturas máximas de alrededor de 47 °C, algunos de ellos no habían recibido agua de red durante meses, por lo que decidieron organizarse. En pocas semanas el Comitato Spontaneo degli Agricoltori della Piana di Catania (Comité Espontáneo de Agricultores de la Llanura de Catania) alcanzó los 700 miembros y comenzó a presionar a las instituciones, sin ayuda de los sindicatos.

«Este verano, aquellos que tenían sus propias reservas de agua pudieron pasarlo bien, otros perdieron cosechas enteras», afirma Teresa Cristallo, que dirige una granja con su marido Vincenzo. Juntos, están entre los fundadores del comité. Me reuní con ellos y con otros miembros, todos agricultores. Es la zona en la que crecen las famosas naranjas rojas de Sicilia, en la que muchas plantaciones tendrán una cosecha reducida en noviembre. En algunos casos, en agosto, las naranjas se secaron hasta tal punto que caían prematuramente o dejaban de crecer. En ambos casos, por supuesto, no podían ser vendidas.

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El Comité no tiene ninguna duda acerca de la naturaleza del problema: la mala gestión durante décadas por parte del Consorzi di Bonifica, las autoridades locales responsables de la red que lleva agua a los campos. Sicilia es la región italiana donde hay mayor desperdicio de agua, debido a una infraestructura ineficiente o en mal estado. Más del 50% del agua utilizable se pierde en las redes.

Los agricultores, además, se quejan de tener que pagar, cada año, una factura de agua que no refleja la cantidad real que les llega a través de los canales. Pagan en proporción al tamaño de su tierra, sin saber cuándo ni cuánta agua recibirán.

La calle Etnea, en el centro de la ciudad de Catania, afectada por una inundación unos días antes, se prepara para el medicán Apolo. | Foto: Davide Mancini

La última noticia que han recibido los agricultores sicilianos es que ninguno de los 31 proyectos presentados por la región de Sicilia ha sido declarado elegible para recibir fondos del plan de recuperación italiano, concebido en respuesta a la crisis de la COVID-19. El 80 % de los proyectos implicaban directamente a la red de agua, y el 20 % restante a la llanura de Catania. Los proyectos fueron presentados por varias entidades, como el Consorzi di Bonifica, responsable de la mala gestión de la infraestructura en ruinas. Ninguno de los proyectos cumplía los requisitos mínimos para recibir los fondos. «El consorcio es un organismo extremadamente politizado y que ha sido ineficiente durante mucho tiempo. Está constituido por comisionados especiales desde su fundación, hace treinta años. Nos gustaría que fuera dirigida por agricultores y no por funcionarios puestos por políticos a cambio de votos», afirma Gabriele Bellamacina, presidente del Comité.

Además de la distribución del agua, la situación de las represas en el interior de Sicilia es objeto de controversia. El mantenimiento de las represas existentes es pobre y sus niveles mínimos siguen cayendo cada verano. Este año, la represa del lago de Pozzillo solo pudo proveer menos de la mitad del agua necesaria en la localidad, mientras que la represa del lago de Sciaguana se ha secado enteramente debido a fugas estructurales, de cuya existencia se sabe hace años. Hay otras dos represas en construcción desde hace treinta años. Nunca se completaron. Su propósito específico era proporcionar agua a las tierras agrícolas durante los períodos de sequía en el este y en el centro de Sicilia. 

Signos de degradación de la red de agua, cerca de las plantaciones de naranjas en la llanura de Catania. | Foto: Davide Mancini

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