Reportaje Guerra en Ucrania

Los países bálticos, tierra de asilo para los medios independientes rusos

Debido a la prohibición de publicar y emitir o a las amenazas de cierre desde el inicio de la invasión de Ucrania, varios medios independientes rusos como Meduza, Nóvaya Gazeta o Provereno han huido del país para instalarse en los países bálticos vecinos.

Publicado en 30 junio 2022 a las 11:35

Vilna, junio de 2022. El primer número publicado desde el exilio de Nóvaya Gazeta Europe, el célebre periódico ruso (cuyo redactor jefe, Dmitri Mouratov, recibió el premio Nobel de la paz en 2021) salió a los quioscos letones unos días antes del 9 de mayo, una fecha simbólica en Rusia que marca el fin de la Segunda Guerra Mundial y la victoria sobre el nazismo. En los países bálticos esta fecha genera controversia, pues también marca el inicio de unos cincuenta años de ocupación soviética.

En la editorial, el redactor jefe de esa edición, Kirill Martinov, recordó su oposición a la guerra. "Queremos ser la voz de los rusos que jamás aceptarán la guerra de Putin y que defienden unos valores europeos", afirma el joven redactor jefe. Si bien el periódico no aspira a poder publicar con regularidad, este primer número salió para "demostrar a la sociedad rusa y a las autoridades que seguimos vivos", aclara Martinov desde su despacho situado a unos metros de Milda, la estatua letona de la libertad.

Internet, y sobre todo las redes sociales que siguen estando permitidas en Rusia, como Telegram, son el lugar donde la prensa rusa exiliada se expresa ahora. Ilya Ber se ha instalado en Tallin, Estonia, desde donde continúa su actividad en la redacción de Delfi, una web de noticias muy popular en los Estados bálticos.  Hace unos años, fundó su propio sitio web de verificación de datos, Provereno ("yo verifico" en ruso) y que ha sido la artífice de varias revelaciones, como la foto de la joven embarazada huyendo del ala de maternidad de Mariúpol y acusada de ser una actriz. También ha iniciado una colaboración con el medio estonio que le cede parte de sus instalaciones, así como con otros medios rusos instalados en los países bálticos como Meduza, que lleva refugiándose en Riga, Letonia, desde 2014.

Trabajar a distancia no es difícil para estos periodistas rusos, pues desde la pandemia de covid-19 todos tuvieron que hacerlo. Irina Shcherbakova no es una excepción: escribe para el Moscow Times desde la pequeña ciudad de Jurmala, en la costa báltica y a unos pocos kilómetros de Riga. La decisión de instalarse allí no fue casualidad: es la ciudad donde pasaba las vacaciones de verano cuando era niña. Se fue de Rusia por la guerra, y después de haber sido detenida brevemente el 24 de febrero, ahora sus artículos solo tratan de la guerra.

"He preparado un artículo sobre la propaganda proguerra en los colegios rusos y sobre la Fundación Helping to Leave, una ONG que ayuda a los refugiados ucranianos a huir de Rusia. Sigo hablando de la guerra y de todo lo que tiene que ver con ella", explica. En Rusia, sabía que si hablaba de violaciones a los derechos humanos no podría seguir siendo periodista independiente de manera segura. Sin embargo, en Letonia, no solo puede descifrar la actualidad rusa para los lectores extranjeros, sino también continuar con su trabajo de periodista de investigación. Ahora mismo está trabajando en una descripción del opositor Vladímir Kara-Murzá, un encargo para el medio en línea Meduza.


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Kirill Martinov aún conserva un equipo de periodistas en Rusia que trabaja para Nóvaya Gazeta, pero la situación se está volviendo cada vez más complicada: "Cada día es más difícil poder contar con esta red de reporteros. La gente no se puede presentar como periodista. Se convierten en una especie de agentes. Ya no pueden obtener acreditaciones o su condición jurídica; a veces tienen que permanecer en el anonimato. En algunos casos no podemos ni ingresarles el sueldo".

Estos medios de comunicación rusos exiliados en los países bálticos tienen aspiraciones, y Martinov no esconde las suyas: "Mi objetivo es convertirme en la voz de los rusos proeuropeos a ambos lados de la frontera. Asimismo, me gustaría recrear una Rusia extraterritorial que forme parte de la comunidad europea. Soy consciente de que millones de personas que hablan ruso apoyan a Ucrania y a la Unión Europea en esta guerra".  Siguiendo la tradición del periodismo militante, Nóvaya Gazeta cuenta con el apoyo de las autoridades bálticas, que tramitan visados humanitarios a sus periodistas para que puedan instalarse en la región. Sin embargo, desde el inicio de la guerra, Tallin, Riga y Vilna han suspendido la expedición de visados a ciudadanos rusos. 

Un mes después del inicio de la guerra en Ucrania, Letonia ya había otorgado 161 visados, pero la situación sigue siendo complicada y llena de incertidumbre para los rusos que llegaron justo después del conflicto gracias a un visado Schengen. Un permiso de residencia en los países bálticos es algo fundamental para poder instalarse de manera duradera y volver a ejercer el periodismo en la región. Tras varias semanas de incertidumbre, Ilya Ber recibió el visado emitido por las autoridades estonias.

Los Estados bálticos ya tienen práctica; tras la anexión de Crimea en 2014, varios disidentes políticos y periodistas rusos se instalaron en Riga o Vilna. Galina Timchenko era entonces la redactora jefe de lenta.ru, pero su cobertura sesgada del conflicto en Ucrania ocasionó su despido. Por esta razón, decidió dejar el país e instalarse en Riga, una ciudad en la que se habla ruso, y fundó el medio de comunicación en línea Meduza.

Meduza no es una web de noticias diarias sobre Rusia, sino una ventana al mundo en ruso y para un público que habla ruso. Ocho años después del verdadero inicio de la guerra en Ucrania, Meduza sigue ahí y sigue siendo una voz importante entre los medios rusos que han huido a otros países, Sin embargo, también a ellos se les ha tildado de agentes extranjeros, y esta "infame" mención aparece en cada página de su web.

Vilna, la capital de Lituania, también está acostumbrada a los periodistas exiliados. Muchos son blogueros bielorrusos que buscaron refugio allí tras la represión fruto de las manifestaciones en contra de los resultados amañados de las elecciones presidenciales de 2020. Vohla y Andrei Pavuk forman parte del centenar de periodistas bielorrusos refugiados en la capital.

En un principio, trabajaban en su blog desde la región de Gomel, en el sureste de Bielorrusia. Ahora, desde el exilio, siguen planteando cuestiones que la población no puede preguntar a las autoridades, pues se expondrían a vigilancias y persecuciones.

El exilio de estos rusos y bielorrusos va a durar mucho tiempo, y pone de manifiesto que las tensiones aumentan en sus países de origen; circunstancias que complican el acceso a la población que ha decidido quedarse, y que, por lo tanto, más necesita esa información libre de propagandas.

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