Herman Van Rompuy y Catherine Ashton: unos desconocidos elegidos a la cabeza de la Unión, el 19 de noviembre de 2009. Foto: Consejo de la Unión Europea

¿Herman y Catherine qué?

La designación del primer ministro belga Herman Van Rompuy para el puesto de presidente del Consejo Europeo y de la comisaria británica de Comercio Catherine Ashton para el de alto representante de Asuntos Exteriores no tenido muy buena acogida entre la prensa europea, que esperaba la elección de personalidades más destacadas para representar a Europa.

Publicado en 20 noviembre 2009 a las 14:56
Herman Van Rompuy y Catherine Ashton: unos desconocidos elegidos a la cabeza de la Unión, el 19 de noviembre de 2009. Foto: Consejo de la Unión Europea

"Europa se ha quedado pasmada", constata el diario austriaco Die Presse, incrédulo ante la designación de dos "desconocidos", de dos "figurantes" como llega a decir Der Spiegel, para los puestos clave de la Unión. "Un dueto casi anónimo, responsable del destino de la UE", destaca el Diário de Notícias, según el cual a los Veintisiete les ha bastado "media hora" para elegir a dos dirigentes "casi desconocidos fuera de las fronteras de sus países".

"Para llegar a un acuerdo, los líderes europeos han elegido la opción suicida del menor denominador común", se lamenta La Repubblica, para quien "Europa ya tiene, utilizando la expresión de Henry Kissinger, un número de teléfono. Pero si estas dos personas son los titulares, dudamos de que alguien tenga un día la necesidad de marcarlo. Si se asigna a Europa un rostro y un número de teléfono", advierte el diario romano, "son los de Angela Merkel, está claro que no son los de Herman Van Rompuy y mucho menos los de la baronesa Ashton". "Queridos americanos, les presentamos a Míster Europa 2009: Herman Van Rompuy", ironiza el diario polaco Rzeczpospolita. "Llámenle sólo para tratar sobre la guerra contra el terrorismo, las reducciones de emisiones de CO2 y la crisis económica". "¿Merecía realmente la pena luchar por el Tratado de Lisboa para luego asignar los nuevos puestos a dos endebles?", se pregunta por su parte Gazeta Wyborcza.

En la misma línea, El País critica la ausencia de visibilidad y proyección de los candidatos. Afirma que nos encontramos ante "una UE demasiado gris" y estima que "los Veintisiete eligen a un presidente sin liderazgo y regalan a Londres la dirección de la Política Exterior. El resultado es triste para los europeístas y agravará el distanciamiento de los ciudadanos con respecto a las instituciones". "Europa ha perdido su primera gran oportunidad de demostrar que el Tratado de Lisboa le proporcionaría finalmente los instrumentos políticos para hacer valer su peso en el contexto internacional", lamenta Público. The Guardian añade que también ha perdido la oportunidad "de bloquear el desplazamiento hacia un mundo bipolar, dominado por Estados Unidos y China".

Una designación no-democrática a un cargo no-democrático

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Los diferentes diarios también expresan decepción con respecto al modo de designación. Según The Economist, "se pueden sacar dos conclusiones de la elección de estos dos dirigentes": en primer lugar, que "los líderes nacionales europeos no están dispuestos a compartir la escena internacional con auténticos rivales". Por otro lado, que "con el Tratado de Lisboa, estos mismos líderes nacionales han cedido mucho más poder de lo que pensaban a partidos políticos paneuropeos", que "han impuesto el trato compartiendo los puestos, amenazando con un rechazo del Parlamento Europeo de los nombres que no les convendrían". En opinión de The Daily Telegraph, se ha producido "una designación no democrática para un puesto no democrático, creado por un tratado no democrático". Según The Guardian, "Europa ha vuelto tranquilamente a sus antiguos hábitos. Un acuerdo franco-alemán sobre un oscuro belga, así es como se han desarrollado las cosas hasta ahora. Como si los suecos, los polacos y los demás no formaran parte del club. No ha habido fumata blanca, pero el modo de designación secreto con el que 27 orgullosas democracias han tomado la decisión convierte al Vaticano en una institución casi transparente".

En lo que respecta a la personalidad de Herman Van Rompuy, România Libera destaca que "los políticos belgas son conocidos por ser expertos en el arte de la negociación y del compromiso". El diario rumano recuerda que "no sólo son políglotas, sino que sus capacidades políticas han quedado demostradas con la habilidad con la que han logrado mantener unido a un país tan complejo y siempre a punto de dividirse como es Bélgica". En la República Checa, el nombramiento de Van Rompuy también se acoge de forma más bien positiva: si Hospodářské Noviny alaba su "fuerte personalidad" y califica de "perfecta" su formación, un doctorado en economía completado con una licenciatura en filosofía, Mladá Fronta DNES aprecia sus haikus [versos breves japoneses] y Lidové Noviny señala que, al igual que Van Rompuy, el ahora conocido Jan Fischer también era "un don nadie" antes de ser nombrado Primer ministro en Praga.

"Van Rompuy tiene fama de reírse de sí mismo", destaca The Guardian, para el que parece que "su aparente modestia oculta una determinación de acero, una inteligencia aguda e ideas firmes que en raras ocasiones comparte. No soporta a los imbéciles y puede ser tajante en privado con sus adversarios políticos". El Daily Telegraph además señala que Van Rompuy "es uno de los más fervientes opositores a la adhesión de Turquía a la Unión Europea, ya que podría llegar a diluir el patrimonio cristiano de Europa". Cotidianul destaca que Van Rompuy es "un hombre con influencia", ya que acaba de ser recibido en el exclusivo club pro-americano Bildenberg.

Bélgica entre el orgullo y el temor

Mientras los europeos se desesperan, los belgas acogen de forma positiva y unánime el nombramiento de su Primer ministro como dirigente de la Unión: "La coronación", titula Le Soir, "¡Sí!" exclama La Libre Belgique, "Una nueva estrella para Europa", titula exultante De Standaard. "El futuro ex-Primer ministro belga no será el caniche servil de los Estados miembros. No es un político neófito, que ignore la forma de obtener compromisos entre países con intereses en ocasiones divergentes y con dirigentes egocéntricos", escribe La Libre Belgique. Encontramos el mismo análisis en Le Soir: "¿Mr. Nobody a la cabeza de Europa?". Sí, salvo que "desde hace meses [los belgas] han adoptado a este Van Rompuy táctico, discreto, astuto y filósofo que les ha vuelto a aportar estabilidad". Le Soir, que estima además que esta designación queda "lastrada" por la del puesto de alto representante, que ha recaído en una "desconocida cuyas únicas competencias aparentes son la de ser mujer, socialista y británica".

La salida de Van Rompuy del gobierno belga plantea en este momento la pregunta de su sucesión: "Con la partida de Van Rompuy, ¿volverá la crisis?", se preguntan Le Soir y el conjunto de la prensa belga, ya que esto implica el probable retorno del antiguo primer ministro Yves Leterme, que había dejado su puesto tras el fracaso de las negociaciones gubernamentales de 2008. De Morgen se muestra pesimista ante estas perspectivas: "Ayer rechinábamos los dientes, porque el supuesto más lógico, pero no por ello más deseable, es que Yves Leterme tome el relevo. Y para este país, significa un gran disgusto".

Entre bastidores

Los altos funcionarios también cuentan

Todavía se puede complicar más la cosa. Tras los tejemanejes en torno a los dos puestos clave de presidente del Consejo y Alto Representante y tras las discretas negociaciones de reparto de las carteras de los comisarios, una veintena de candidatos compite por otros trofeos. “La segunda línea de fuego también cuenta”, titula Der Tagesspiegel, anotando que Alemania —sin representación en el futuro dúo de cabeza de la UE— mueve los hilos entre bastidores para colocar a sus hombres de confianza en los puestos situados justo por debajo de la Comisión.

Primera vacante en juego: secretario general del Consejo de la Unión Europea, cargo que en la actualidad ostenta el francés Pierre de Boissieu, “muy influyente”. Otro puesto codiciado: secretario general del Servicio Exterior de la UE. “La eminencia gris que manejará la trama”, motivo por el cual su nombramiento deberá decidirse a la vez que el del presidente y del Alto Representante.

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