No, no nos rendiremos ante el César esta vez. Sacerdotes ortodoxos afuera de la catedral de Atenas durante el anuncio del nuevo Arzobispo en febrero de 2008. (AFP)

La Iglesia se niega a hacer obras caritativas

El gobierno socialista griego, enfrentado a un importante déficit, ha decidido gravar con impuestos el patrimonio de la poderosa Iglesia ortodoxa. Pero este Estado dentro del Estado, principal propietario inmobiliario del país, no está nada de acuerdo.

Publicado en 24 noviembre 2009 a las 16:05
No, no nos rendiremos ante el César esta vez. Sacerdotes ortodoxos afuera de la catedral de Atenas durante el anuncio del nuevo Arzobispo en febrero de 2008. (AFP)

El descontento reina en las relaciones entre el Estado y la Iglesia, dos instituciones que no están separadas. La poderosa Iglesia de Grecia no acepta la intención del gobierno socialista de imponer un impuesto [de alrededor de 600.000 euros] a sus bienes inmobiliarios y simplemente se niega a pagar. "La Iglesia de Grecia contribuye al estado cuando éste funciona. De lo contrario, no hay ningún motivo para hacerlo…", ha reaccionado el padre Theoklitou de Ioannina [al noroeste del país]. El responsable financiero de la Iglesia de Grecia, que afirma que "este impuesto hará que algunos miembros de la Iglesia se endeuden excesivamente", no entiende por qué es necesario imponer un impuesto a la Iglesia, ya que "no hay ninguna guerra ni se ha producido ninguna catástrofe natural a la que contribuir. Nos están invitando a contribuir a políticas económicas coyunturales. Y no vamos a pagar la factura de otros".

El padre Theoklitou destaca además que "El estado se ha apoderado varias veces de los bienes de la Iglesia", la última vez en 1952, cuando se firmó un contrato aún en vigor entre las dos instituciones y que enumera las obligaciones de cada una de ellas. Precisa que el patrimonio territorial de la Iglesia asciende a 702.160.000 de euros, según las estimaciones más recientes del Banco de Grecia, es decir, sólo un 4% de su patrimonio total. Tan sólo dispone de 9 millones de euros en acciones.

En Grecia, los sacerdotes son servidores públicos

Hoy, el Estado intenta de nuevo imponer impuestos a los Griegos y el resultado va a tener consecuencias nefastas. La Iglesia no se niega a aceptar el impuesto, pero se pregunta si éste se aplica a propiedades explotadas o explotables. El decreto anunciado "nos compara con un organismo de beneficencia [que haría una donación al Estado según la forma de este impuesto]. Somos una institución", recuerda el portavoz. El cuerpo eclesiástico considera esta decisión injusta porque ignora que "La Iglesia mantiene más de 800 establecimientos para los necesitados", insiste el padre Theoklitou.

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Los mensajes son por lo tanto claros, la Iglesia no quiere confundir las funciones ni realizar obras caritativas. Y justifica su rechazo a asumir este impuesto. Por un lado, las cuentas del Estado están en números rojos. El ministro de Economía incluso ha hablado de "situación de emergencia", con un déficit que llega al 12% del PIB. La poderosa Iglesia de Grecia, principal propietaria territorial del país es por lo tanto la primera institución a la que se apunta. El Primer ministro socialista, Georges Papandréou, ha decidido plantar cara a la Iglesia, como ya lo había hecho su predecesor Costas Simitis en 1999 en el debate sobre si se debía indicar la religión en los carnets nacionales de identidad [al contrario de lo que deseaba la Iglesia, esta indicación ya no es obligatoria].

Quizás habría sido preferible "separar la Iglesia del Estado", apunta el padre Theoklitos, "Tendríamos quizás menos sacerdotes, pero ningún funcionario [en Grecia, los sacerdotes los designa el gobierno]. Los únicos responsables somos nosotros mismos, ya que hemos querido transformar el púlpito en política", concluye. Entretanto, el debate sigue al rojo vivo.

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