La recuperación a dos velocidades del Tigre Celta

Mientras Irlanda se prepara para retornar a los mercados a finales de año, hay signos de una débil recuperación. Sin embargo, ese crecimiento no se extiende de forma uniforme por el país. Mientras que las ciudades se recuperan, las zonas rurales se están hundiendo aún más en la recesión.

Publicado en 10 octubre 2013 a las 13:48

En una tarde fría y lluviosa, el club de fútbol gaélico de Milford se reúne para entrenar. El equipo debería estar celebrando su éxito en un campeonato local, pero su estado de ánimo es bastante sombrío porque dos de sus jugadores estrella se marchan a Canadá.

“Emigro solamente por razones de trabajo”, dice Anthony McPaul, un obrero de la construcción de 28 años. “He intentado buscar trabajo aquí, pero solo consigo trabajos esporádicos de vez en cuando”.

El señor McPaul es uno de los 41 miembros del club que se habrá marchado de Milford desde que comenzó la crisis en Irlanda en 2008. Muchos emigraron a Australia y Canadá, mientras que otros se trasladaron a Dublín, que finalmente empieza a mostrar algunos signos de recuperación económica justo cuando Irlanda se prepara para salir del programa de rescate internacional en diciembre.

Los nuevos datos muestran que Irlanda salió de la recesión en el segundo trimestre, el desempleo se está reduciendo y el precio de la propiedad está aumentando después de reducirse su valor durante más de cinco años. Pero la economía es frágil y hay pruebas de una recuperación a dos velocidades, ya que ciudades como Dublín, Cork y Galway están creciendo, pero las ciudades regionales y las zonas rurales están estancadas.

El malestar de la Irlanda rural

Los precios de las casas en Dublín se han incrementado en un 10% en el último año, y la agencia inmobiliaria CBRE prevé que los precios de los establecimientos comerciales aumentarán hasta un 20% en 2013. Sin embargo, [[fuera de Dublín los precios de las propiedades continúan descendiendo y todavía hay miles de casas y establecimientos comerciales que permanecen vacíos]].

El Dublín el índice de desempleo es del 12%, mientras que en el sudeste de Irlanda, la región con mayor porcentaje, es del 18,3%. El último análisis por condados, realizado a mediados de 2011, demostró que una de cada cuatro personas estaba desempleada en Donegal, un condado rural del noroeste.

Un paseo por la calle principal de Milford, repleta de tiendas cerradas, carteles de traspaso y un hotel abandonado con las ventanas rotas y la pintura desconchada, ilustra perfectamente que la recuperación aún no ha llegado a esa zona.

“La ciudad se está hundiendo. Los dos bancos que había han cerrado sus puertas, acabando con el corazón comercial de la ciudad”, dice John McAteer, editor del Tirconaill Tribune, un periódico local.
“Milford es solo un microcosmos de un malestar generalizado en la Irlanda rural. En Donegal, lo único que exportamos es nuestra población de gente joven”, añade lamentándose.

La emigración ha sido una característica de la vida irlandesa durante generaciones, pero el boom inmobiliario durante el apogeo del Tigre Celta proporcionó buenos trabajos y permitió que la gente joven pudiese vivir en las zonas rurales donde habían nacido. El estallido de la burbuja inmobiliaria cambió todo eso. El trabajo en la construcción se redujo por completo, el Gobierno impuso embargos de contratación en los trabajos del servicio público y el sector de los servicios se hundió.

Despoblación

Cada seis minutos una persona emigra de Irlanda, la cifra más elevada que se ha registrado desde los años ochenta. Eso está provocando la despoblación de las zonas rurales, especialmente entre la población activa que abarca desde los 18 hasta los 65 años.

“El tejido social de la vida comunitaria está en riesgo”, dice Pat Curley, presidente del club de fútbol galo de Milford, que ve las dificultades que tienen los clubes locales de las zonas regionales para formar un equipo. “El Gobierno debe actuar”, afirma.

Consciente de la débil economía nacional, Dublín está pensando en flexibilizar las medidas de austeridad de 3,1 billones de euros planeadas para introducirse en el presupuesto del mes próximo. Pero esa medida afronta la oposición de los prestamistas internacionales, a los cuales les preocupa el hecho de que no cumplir con los compromisos establecidos anteriormente pueda dañar la confianza de los inversores.

Ese argumento tiene poco respaldo en esas áreas donde escasea el trabajo. La semana pasada, 1.000 personas solicitaron uno de los 15 puestos de vendedor en los grandes almacenes Shaws, en Longford. En Fossa, una pequeña ciudad del condado de Kerry, 435 personas solicitaron uno de los 15 puestos de aprendiz en una fábrica de grúas.

[[La situación del empleo es más positiva en Dublín y Cork, donde la agencia estatal de inversión está consiguiendo unos niveles récord de proyectos]], especialmente en el sector tecnológico. Las tres cuartas partes de las 144 inversiones multinacionales que se efectuaron el año pasado tuvieron lugar en las dos ciudades más grandes de Irlanda, mientras que solo uno se llevó a cabo en Donegal.

“Escogimos establecernos en Dublín porque sabíamos que encontraríamos personas de mucho talento y buenos ingenieros”, dice Fidelma Healy, directora de operaciones de Gilt Ireland. “Hay un gran ambiente juvenil en esta ciudad, así como la presencia de otras muchas empresas como Google, Twitter, LinkedIn y eBay”, recalca.

Las zonas portuarias de Dublín, anteriormente en estado ruinoso, se han transformado por el influjo de las empresas de Internet. Los edificios de oficinas con relucientes cristaleras compiten por el espacio con los modernos hoteles y los animados cafés, por eso en la actualidad se le llama a esa zona “Silicon Docks”. Los jóvenes profesionales, muchos contratados de otros países, ganan buenos salarios, estimulando de esa forma la economía local.

Flexibilizar la austeridad

“Las ciudades son las impulsoras del crecimiento en el empleo, con unos índices mucho mejores que la zonas rurales donde no hay eso que yo denominaría grandes empleadores de referencia”, dice Anne Heraty, directora ejecutiva de la empresa de contratación CPL Resources.

Las malas carreteras, la deficiente comunicación ferroviaria y la pésima infraestructura de banda ancha hacen que los condados como Donegal sean menos atractivos para los inversores extranjeros que las ciudades. El enorme excedente de establecimientos, hoteles y propiedades residenciales en las zonas regionales y rurales actúa como un lastre para la inversión y la actividad de la construcción.

Letterkenny, que fue la ciudad que más rápido creció durante el boom, está repleta de propiedades fantasmas y centros comerciales medio vacíos. Los dueños de los establecimientos han sufrido un enorme descenso en las ventas desde que comenzó la crisis en 2008 y aún siguen sin ver signos de ninguna recuperación.

“El resurgimiento económico está teniendo lugar en Dublín, y se oyen rumores de que se extenderá al resto del país. Somos optimistas, pero aún no se percibe”, dice Alfie Greene, fundador of Greenes Shoes.

Como muchos empresarios de Letterkenny, el señor Greene quiere que el Gobierno flexibilice las medidas de austeridad en el presupuesto. “Si hubiese un pequeño estímulo en el presupuesto del mes siguiente, eso supondría una ayuda”, concluye.

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