La vida es (casi) una novela negra

Una novela sobre un asesino en serie en Atenas es tan realista, que su autor, Petros Márkaris, tuvo que advertir que no debía imitarse. El motivo: trata sobre la élite griega evasora de impuestos y las víctimas del sistema corrupto.

Publicado en 16 mayo 2012 a las 10:10

Un asesino en serie acecha los suburbios adinerados de Atenas con una elección idiosincrásica de víctimas. Toda sus víctimas son griegos adinerados que no han pagado sus impuestos y deja sus cadáveres esparcidos entre las ruinas de la ciudad antigua, envenenados con cicuta, el mismo modo con el que fue ejecutado Sócrates.

En Grecia están sucediendo muchas cosas en este momento, incluido un importante aumento de la criminalidad, pero este horror en concreto es ficción en su mayoría. Es la trama de la última novela y gran éxito de ventas de Petros Márkaris, que ha combinado sus facetas de escritor de novela negra y de comentarista social en Grecia hasta tal punto que se ha convertido en una de las voces más citadas en la crisis.

Con el nuevo libro de Márkaris, titulado Pereosis, que en griego quiere decir el final de la vida pero también la liquidación de un pago, los lectores pueden llegar a alegrarse con los homicidios de la trama, pues se sienten enfurecidos por la élite evasora de impuestos del país, cuya irresponsabilidad contribuyó a que Grecia se tuviera que doblegar.

Entre la repulsión y la admiración por el asesino

Muchos lectores, al igual que su héroe y narrador, el inspector Kostas Jaritos, se debaten entre la repulsión y la secreta admiración por el asesino, que se autodenomina el Recaudador Fiscal Nacional y que no exige el dinero para él, sino para las arcas nacionales. La simpatía del público por el asesino fue tal, que a Márkaris le pareció prudente incluir una nota en la contraportada del libro en la que dice: «Advertencia: Esta novela no debe ser imitada».

«Quería contar la historia real de cómo se ha desarrollado la crisis y cómo afecta a la gente normal», afirmaba Márkaris en una entrevista en su piso de Atenas. Decía que la novela policíaca constituía la mejor forma de comentar la actualidad política y social, ya que muchas cosas de las que están ocurriendo en Grecia ahora mismo constituyen actos delictivos.

«El título en griego antiguo tenía un significado que era el final de la vida, la liquidación de la cuenta de la vida», explicaba el autor de 75 años. «Pero su significado moderno es un método de recaudar impuestos. A cambio del pago a la oficina de impuestos, el Estado concede la amnistía a las personas que no han pagado sus impuestos».

Márkaris, nacido en Estambul, de padres de origen griego y armenio, se estableció en Atenas cuando era un treintañero y sigue viendo los problemas inherentes de Grecia con la visión de un forastero. «Se trata de un sistema que se ha creado día a día, desde el inicio del siglo y se ha acelerado en los últimos 30 años», comentaba.

Un sistema basado en el clientelismo

El sistema en cuestión se denomina habitualmente clientelismo. En dicho sistema, la élite griega, integrada por los armadores, los médicos, los abogados y los periodistas más destacados, crean los dos principales partidos y consiguen los puestos más altos de la administración pública para sus hijos e hijas a cambio de inversiones, así como una exención fiscal de por vida. Se trataba de un pacto insostenible que se ocultó en las cuentas nacionales y que se desenmascaró de un modo espectacular cuando el país ya no pudo pedir préstamos a los mercados internacionales para costear sus hábitos.

Cuando el Gobierno saliente la emprendió contra los médicos atenienses en un intento tardío de recaudar algunos ingresos, descubrió que la mayoría no había pagado nada, ya que había declarado que sus ingresos se encontraban justo por debajo del umbral de exención tributaria de 12.000 euros, aunque conducían coches cuyo valor era varias veces superior a esa cantidad. En el duelo de poder entre los reformistas en el Gobierno y la élite, perdieron los reformistas. El Gobierno se hundió y las elecciones de la semana pasada sólo aportaron estancamiento y la incierta perspectiva de otras elecciones.

Entre tanto, los ricos siguen atestando los restaurantes y los bares más elegantes de la ciudad mientras que la clase obrera y gran parte de la clase media se enfrentan a la indigencia. El mismo Márkaris vive en un modesto piso de un bloque del centro de Atenas que claramente solía ser mucho más agradable. Ahora, la ira salpica las paredes en forma de grafiti que amenazan a los inmigrantes con la expulsión o con algo peor. Sus libros están repletos de sus observaciones de la crisis que se está desarrollando.

«Un manicomio incesante»

La novela Pereosis comienza con la cita de un expresidente, Konstantinos Karamanlis, con la que describía a Grecia como «un manicomio incesante». En el primer capítulo, cuatro mujeres mayores se suicidan y dejan una nota en la que dicen que con el recorte de sus pensiones no podían costearse los medicamentos ni ir al médico, por lo que había decidido dejar de ser una carga para la sociedad. En los últimos años se han documentados casos similares. Según las estadísticas oficiales, la tasa de suicidios se ha disparado un 22% pero dicha cifra probablemente no refleja exactamente el problema. Las familias ortodoxas devotas a menudo ocultan los suicidios por vergüenza.

Al descubrir los motivos por los que actúa el autoproclamado Recaudador Fiscal Nacional, Jaritos comenta con sequedad que si se asesinara a todos los evasores fiscales del país, la población se reduciría a «unos cuantos asalariados, los parados y las amas de casa».

«El sistema que ha dirigido el país desde la caída de la Junta de los Coroneles ha muerto», afirmaba Márkaris. «Las medidas de austeridad han acabado con la escena política. Las preguntas que se plantean son si Grecia puede soportar las medidas de austeridad y sobrevivir y si Europa puede sobrevivir al hundimiento griego. Desconozco las respuestas».

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