Las fronteras de la política de inmigración

Se está acusando a Italia de haber dado dinero a un grupo de inmigrantes africanos para que se marchen a Alemania. ¿Un escándalo? En opinión de Die Zeit, no, simplemente es la consecuencia de una política que consiste en cerrar los ojos ante el drama de los refugiados y en dejar la responsabilidad a los demás países.

Publicado en 30 mayo 2013 a las 15:46

Los malos de la película hoy son los italianos. Lo único que han hecho es dar 500 euros a un grupo de refugiados libios antes de enviarlos hacia Alemania. Ahora, unas personas sintecho viven dispersadas por las calles de Hamburgo y molestan al Ayuntamiento.

Pero ¿dónde se supone que deben vivir ahora? ¿En tiendas de campaña? ¿En los asilos de noche, atestados de personas? ¿Quién pagará los gastos? Y sobre todo: ¿cómo deshacerse de ellos lo más rápido posible? Porque, está claro: «El regreso a su país es la única opción», como se apresuró a declarar el responsable de asuntos sociales [en el Ayuntamiento de Hamburgo], Detlef Scheele.

Pero, en realidad, tendríamos que agradecer a esos malvados italianos por habernos enviado a estos pobres libios a Hamburgo. Nos obligan así a ver la realidad de frente y es algo que nos merecemos. Porque la política de asilo alemana, o más exactamente la ausencia casi total de una política de asilo digna de tal nombre en Alemania, es un escándalo.

Hamburgo, como toda Alemania, vive de maravilla. Resulta muy cómodo estar tan alejados de las tragedias humanitarias de este mundo, tan tranquilos al saber que las fronteras nos separan de ellos, que los contemplamos de lejos y nos hacen estremecer, o bien los ignoramos por completo.

Los africanos del norte que desembarcan en las playas italianas medio ahogados, los afganos famélicos que se lanzan a la frontera greco-turca, los cientos de miles e incluso millones de sirios que huyen a Turquía, al Líbano o a Jordania para escapar de la guerra civil: ¡qué destinos más sombríos! Pero lo importante es que no llegan hasta nuestro país.

Mala suerte para los países con mar

Hace años que Alemania y los países del corazón geográfico de Europa se atrincheran detrás de la normativa de los «Estados terceros». Un texto jurídicamente irreprochable, pero pérfido y moralmente condenable. Cualquier persona que llegue con el estatus de refugiado a uno de estos Estados terceros, es decir, todos los países miembros de la UE y muchos de sus países vecinos, tiene prohibido ir más lejos. Alemania tiene la obligación de no aceptar ninguna solicitud de asilo procedente de estas personas, pues éstos ya se encuentran seguros.

El resultado es que los países que tienen la mala suerte de estar situados cerca de las regiones en crisis o con costas y a los que llegan los refugiados, presos de la desesperación, tienen que solucionar el problema por sí mismos.

Ahora bien, si los libios o los demás aterrizan en Italia, no es porque les parezca el mejor destino. Llegan allí simplemente porque es el país de Europa al que pueden acceder más fácilmente. Su objetivo es Europa. Y por consiguiente, toda Europa debería preocuparse en conjunto de su destino.

En los documentos de la UE podemos leer que la finalidad es que se realice un reparto justo de las cargas. Pero en realidad, la mayoría de los países practican más bien el desvío. La política de asilo europea traiciona los ideales de la UE. No hay ni rastro de responsabilidad común ni de un proyecto humanista sobre el asunto.
Las autoridades de Bruselas, y sobre todo la agencia de protección fronteriza, Frontex, se esfuerzan en llevar lo más lejos posible a los refugiados y de actuar más allá de las fronteras de la fortaleza de Europa. Financian las vallas de seguridad y los centros de retención en Turquía para que el problema se solucione incluso antes de que llegue a los Estados miembros.

Clasificación de refugiados en los campos

¿Y qué hace Europa, qué hace Alemania ante la situación catastrófica de los refugiados en Siria? Poco o nada. El ministro de Interior [alemán], Hans-Peter Friedrich, incluso [se negó durante un año y medio a acoger sirios en su territorio.][http://daserste.ndr.de/panorama/archiv/2013/fluechtlinge235.html)
El representante de los derechos humanos en el Gobierno federal tuvo que protestar sin cesar para convencer a Hans-Peter Friedrich de que dejara entrar en primavera a 5.000 refugiados en el territorio alemán, pero no antes del mes de junio y sólo huérfanos o gente que tuviera familia en Alemania, y a ser posible, cristianos. Ahora se están eligiendo a los afortunados en los campos de refugiados sirios. Cientos de miles se quedarán en la estacada.

Un error funesto y vergonzoso

Como es evidente, la solución no es que vengan todos los refugiados del mundo a Hamburgo de la noche a la mañana. Pero existe un punto medio entre la acogida sin distinción y la división actual.
Además, el reglamento de los Estados terceros se inspira en el compromiso alemán sobre el derecho de asilo, que data de 1992 y que hoy siguen denunciando los defensores de los derechos humanos. Durante las negociaciones, se incendiaron una serie de centros de acogida de solicitantes de asilo en Alemania. Murieron unos extranjeros, víctimas de la xenofobia alemana, mientras que la política protegía al país contra los refugiados: fue y sigue siendo un error funesto y vergonzoso. Ha llegado el momento de corregirlo.

Contrapunto

«No nos habíamos imaginado Europa así»

“Italia nos envía refugiados africanos”, critica en portada el diario Bild. El tabloide lo tacha de “escándalo” y considera que Italia actúa de esa manera “porque ya no consigue hacer frente al flujo de refugiados que proceden de África del Norte. […] No nos habíamos imaginado Europa así”.
”Varios centenares han llegado a Hamburgo y a Baviera, la mayoría de ellos son sintecho, porque no tienen derecho a trabajar, ni a percibir prestaciones sociales o de ser realojados, explica el Bild, al que tampoco tranquiliza que los refugiados sean enviados de vuelta a Italia. Son los gobiernos regionales alemanes los que deben sufragar los vuelos de retorno.

Por parte italiana, La Stampa subraya que el documento original enviado por el Ministerio del Interior alemán a las oficinas regionales de inmigración el 27 de marzo “no menciona la recomendación de las autoridades italianas a los inmigrantes de que se desplazasen hacia Alemania”, sino simplemente “para que se fuesen por iniciativa propia”.

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