Las protestas en Francia, más allá de las pensiones

Los depósitos de las estaciones de servicio están vacíos, los manifestantes incendian vehículos y los colegios están cerrados. Francia está paralizada por los huelguistas que se oponen a la reforma de las pensiones. Sin embargo, no se trata sólo del problema de las pensiones: lo que se está poniendo en tela de juicio es todo el sistema de Sarkozy.

Publicado en 19 octubre 2010 a las 14:47
Manifestación en Caen (Normandia), el 19 de octubre de 2010.

Y ahora se unen los transportistas. Desde el pasado fin de semana, los conductores de vehículos de gran tonelaje bloquean las carreteras para expresar su oposición a la reforma de las pensiones. Los empleados de las refinerías también han pasado a la acción: las barricadas que han colocado alrededor de los depósitos de carburante podrían dejar al país sin gasolina. Hace ya varios días que el sector ferroviario está en huelga y los estudiantes de secundaria y universitarios se disponen a liderar el movimiento. Todos quieren salir a la calle en el séptimo día de movilización nacional contra la reforma de las pensiones.

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Debate

¿Irresponsables o visionarios?

"Hay algo un tanto ridículo en los estudiantes que están en huelga para proteger sus pensiones", se lamenta Gideon Rachman en el Financial Times. Pero las huelgas en Francia, expone, "están causando graves trastornos a la economía y amenazan con acabar con el abastecimiento de combustible del país". Con la crisis europea como telón de fondo y un gobierno con un déficit de cinco puntos por encima del tres por ciento que sugiere el Pacto de estabilidad y crecimiento de la UE, Rachman critica a los franceses porque "no parecen darse cuenta de la posible gravedad de su situación… La propuesta de su gobierno de retrasar la edad de jubilación de 60 a 62 años es una reforma extremadamente moderada, sobre todo si se compara con los recortes en salarios, pensiones y servicios que se han impuesto en otros países europeos con grandes deudas, como Grecia, España, Irlanda e incluso Gran Bretaña. […] Puede que sea necesaria una crisis financiera de verdad para que los franceses por fin se convenzan de que, tal y como dijo una vez Margaret Thatcher, ‘No hay alternativa’".

En el diario Guardian, Philippe Marlière plantea una visión totalmente distinta: "El gobierno ha etiquetado con condescendencia [a los jóvenes huelguistas] como "niños manipulados", pero estos comentarios han perjudicado al gobierno y sólo han servido para incitar aún más a los jóvenes… Los padres se preocupan por el futuro de sus hijos, por lo que no les impedirán que vayan a la huelga". "Existe un sentimiento de indignación moral", señala, "ante la imposición de una medicina neoliberal para curar una enfermedad producida por esas mismas políticas neoliberales. Los franceses no están en contra de las reformas, lo único que piden son reformas que redistribuyan la riqueza y asignen los recursos a los que más los necesitan".

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