Lecciones de África para la Eurozona

La economista india Jayati Ghosh expone que la única solución a la crisis griega es una reestructuración de su deuda. Según la experiencia de los países africanos con grandes niveles de endeudamiento, las medidas de austeridad no sólo podrían poner en peligro la recuperación económica de la eurozona, sino que también podrían provocar una mayor recesión.

Publicado en 18 mayo 2010 a las 14:32

Está claro que los problemas de la economía griega y los de la eurozona no se han resuelto ni podrá resolverse con la gran inyección de fondos de emergencia del BCE y del FMI. Al gobierno griego se le está exigiendo que adopte medidas de austeridad que producirán un gran descenso en los ingresos y en el empleo no sólo ahora, sino en el futuro más inmediato y esto no sólo no corregirá los desequilibrios existentes, sino que los empeorará.

Los países africanos pobres con grandes niveles de deuda(o HIPCs, por sus siglas en inglés, Highly Indebted Poor Countries) podrían enseñar a los griegos más de una cosa sobre este proceso. Pueden mostrarles cómo las medidas deflacionistas impuestas a los gobiernos hacen que la actividad económica caiga en una espiral descendente que destruye las capacidades existentes así como las posibilidades de crecimiento futuro y empuja a gran parte de la población a una existencia material frágil e insegura.

No hay alternativa a la reestructuración de la deuda

Pueden contarles que esta situación es insostenible, porque la caída del PIB dificulta aún más el pago de la deuda, que a su vez no sólo sigue acumulándose, sino incluso expandiéndose, porque los intereses sin pagar se añaden al total, de modo que la deuda del país sigue aumentando sin que se generen nuevos ingresos.

Podrían contarles cómo al final no habrá otra alternativa que reestructurar la deuda, porque la magnitud del problema aumentará incluso con las medidas de austeridad aplicadas con tanto rigor, y en parte debido a ellas. Podrían contarles su propia experiencia de varias décadas perdidas de regresión económica, que podrían haberse evitado si se hubiera reestructurado la deuda mucho antes y se hubieran aplicado una serie de políticas diferentes para la recuperación económica.

Esta experiencia debería servir para aprender la lección más evidente: que no hay alternativa a la reestructuración de la deuda griega, incluidas las pérdidas para las entidades crediticias que no actuaron con la diligencia debida a la hora de conceder el préstamo en primer lugar. Si no ocurre ahora, en cualquier caso ocurrirá en algún momento del futuro, después de haber creado grandes problemas materiales en Grecia.

¿Por qué ni siquiera se habla de una conclusión tan obvia? La reestructuración de la deuda griega supondría un gran recorte para los bancos alemanes y franceses que concedieron préstamos durante el auge económico y que contribuyeron a generar los desequilibrios que han hecho que la economía griega sea menos competitiva que la de Alemania, por ejemplo. No se puede permitir que esto ocurra, porque la carga del ajuste recaerá por completo en el pueblo griego durante varias generaciones, en lo que claramente será un proceso insostenible.

Condenados al estancamiento

Pero la situación es mucho peor. Otros países que pueden tener problemas similares a los de Grecia ya se están inclinando hacia la adopción de medidas de austeridady políticas macroeconómicas contraccionistas que están abocadas a amenazar la precaria recuperación económica y generar o intensificar la siguiente recesión. España acaba de anunciar no sólo un recorte en las políticas monetarias, sino también la reducción de los sueldos de los funcionarios, de las pensiones, etc. Este hecho llama especialmente la atención, porque hasta hace dos años, España registraba un superávit fiscal (el déficit se debía al sector privado) y su reciente déficit es totalmente resultado de la crisis.

Irlanda ya está sufriendo el paquete deflacionista más extremo, que incluye un importante descenso del PIB y un recorte drástico del gasto público en todo tipo de áreas, desde las infraestructuras físicas a la educación. Los países bálticos, no sólo Letonia, que dispone de un programa del FMI, sino también Estonia donde el dolor es autoinfligido, están registrando descensos espectaculares en los ingresos, el empleo y los sueldos debido a sus estrictos paquetes de austeridad. En Rumanía se ha vivido la sorprendente protesta de la policía contra la reducción de los salarios. En Gran Bretaña, el nuevo gobierno ya está hablando de las medidas para reducir el déficit, recortando el gasto y aumentando los impuestos indirectos.

Todos estos países esperan poder exportar su forma de salir del caos, pero es algo simplemente inviable, ya que los números no cuadran. Así pues, estos países, y por consiguiente el resto de Europa, se están condenando a un periodo de estancamiento o de descenso en sus ingresos, además de todos los problemas económicos y sociales que se generarán.

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