Lisboa se prepara para la tormenta

Para no correr la misma suerte que Grecia, Portugal, donde la situación no es muy diferente, ha aprobado un plan de austeridad y crecimiento para relanzar su empantanada economía. Los portugueses parecen resignados a un periodo de vacas flacas.

Publicado en 4 mayo 2010 a las 14:47
Esperando al tsunami griego. Al ponerse el sol, en la vieja Lisboa.

"El último terremoto de Lisboa" titula el periodista José Manuel Garayoa en Dinero, el suplemento económico del diario La Vanguardia. "Mientras el Gobierno propone un plan de crecimiento basado en la inversión pública, sectores de la opinión apuestan por la austeridad total y la exportación". Portugal se ha visto inmerso en "la tormenta europea" a pesar de que sus cooordenadas están todavía "lejos de las islas griegas". Ante el ataque de los mercados, el socialista José Sócrates ha presentado a Bruselas un Plan de Estabilidad y Crecimiento (PEC) para reducir el déficit público.

Si bien estas medidas han provocado algunas huelgas en los transportes y en Correos, "la sangre no ha llegado al río" y "la respuesta de la calle está siendo moderada". Garayoa, citando las "cinco medidas inmediatas para salir de la crisis" publicadas en el semanario portugués Expresso, se pregunta cuál es el problema de Portugal, a lo que analistas y empresarios responden: "la escasa productividad, que se traduce en un crecimiento muy bajo". La economía portuguesa ha sido una de las que menos crecimiento ha experimentado en los últimos años en la UE.

El consejo de los expertos

Cómo salvar a Portugal

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¿Cómo puede evitar Portugal convertirse en la siguiente Grecia? El semanario lisboeta Expresso ha pedido opinión a varios expertos internacionales. Ricardo Reis, de la Universidad de Columbia, Nueva York, recomienda al gobierno que “controle el gasto público”. Además, Peter Cohan, consultor financiero de Boston, añade que debe crear “un plan de reducción drástica del déficit con un programa de pagos de la deuda pública”.

Sin embargo, Gary Dymski, experto en crisis de la Universidad de California, expone que el ejecutivo portugués debe centrarse en tres cuestiones: trabajar con otros países amenazados para definir ideas y objetivos comunes, movilizar a la población para que luche por alcanzar un nivel de vida superior y mantener la red de protección social”. En una línea similar, David Caploe, de Singapore Economy Watch insta al gobierno portugués a que “pida a las agencias de clasificación de crédito que trabajen con criterios más transparentes, en especial si establecen comparaciones con otros países similares a Portugal, pero cuyas clasificaciones no se han rebajado”.

Julian Callows, economista jefe para Europa de Barclays Capital, recomienda que Portugal acelere la consolidación de las cuentas públicas y sugiere que “un aumento del IVA del 2 por ciento podría ser una buena idea, ya que podría constituir un recorte del 3% en los salarios del sector público”. El semanario añade que, a pesar de que la situación de Portugal es distinta a la de Grecia, los inversores internacionales se muestran escépticos sobre su capacidad de pagar la deuda pública tras la previsión de bajo crecimiento nacional en los próximos años. Lo que sí es una realidad es que se está empujando a Portugal hacia el ojo del huracán de la crisis financiera europea y no le resultará sencillo salir indemne de ella.

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