¿Qué deparará la era post-Gadafi?

Si la prensa europea celebra la caída del régimen libio y el efecto que tendrá sobre la "primavera árabe", se muestra igualmente prudente sobre el futuro del país. Un futuro en el que Europa deberá jugar un papel determinante.

Publicado en 23 agosto 2011 a las 14:19

Es “la hora de Libia”, afirma El País, para el que la intervención de la OTAN ha sido “la opción correcta”, aunque cabría preguntarse sobre el retraso al tomar las primeras decisiones y sobre la “sorprendente improvisación” con la que se puso en práctica el dispositivo militar. El periodo que se abre en Libia estará marcado por la “incertidumbre” y “nadie puede permitirse errores”: ni la dirección de los rebeldes, ni la comunidad internacional que, “tras varias décadas de políticas equivocadas hacia la región, tiene ahora la oportunidad de contribuir al avance de la libertad”.

“Se tarda menos tiempo en derrocar a los dictadores que en restaurar la normalidad en los países que tenían oprimidos”, destaca en Gazeta Wyborcza el editorialista Jacek Pawlicki, según el cual “juzgar al dictador, si es que alguna vez se llega a hacer, tan sólo será un pequeño paso hacia el objetivo de una Libia pacífica, estable y territorialmente íntegra, un exportador creíble de petróleo y un centro político importante en el Magreb”. Se trata de una reconstrucción que los libios únicamente podrán lograr “con la ayuda de Estados Unidos, la OTAN y la UE”, estima Pawlicki y añade que también deberán participar “China, Rusia, Turquía y otros países árabes y africanos”.

Su colega de Rczeczpospolita Marek Magierowski, se muestra más escéptico y estima que “la UE puede aconsejar a los libios sobre el modo de organizar elecciones libres, cómo crear un sistema de partidos políticos o apoyarles económicamente, pero tarde o temprano, los consejeros volverán a Bruselas, los fondos se agotarán y Libia se quedará sola. Será un proceso muy doloroso ya que, al igual que Afganistán, Libia es un Estado heterogéneo, una constelación de 150 tribus, cada una con sus propios intereses. Una Libia democrática y pacífica es una perspectiva atrayente, pero aún queda muy lejos”.

En The Independent, el corresponsal para Oriente Medio Robert Fisk se pregunta si el futuro de Libia será muy distinto al pasado. “Por supuesto”, afirma, podemos imaginar al país como una “superpotencia de Oriente Medio” y un país “menos africano y más árabe”, que “podrá contagiar sus libertades a Argelia y a Marruecos”. Pero Libia, prosigue Fisk, hace tiempo que “sufre el cáncer del mundo árabe: una corrupción moral y financiera”. Por este motivo, deberá vigilarse con mucha atención a sus nuevos dirigentes designados.

Además, según Fisk, Libia no será el último país que vivirá los efectos de la “primavera árabe”: Bahrein, Arabia Saudí, Jordania, Yemen y sobre todo, Siria, son los próximos de la lista. Porque, tal y como se pregunta, “¿cuánto tiempo tardarán los europeos en preguntarse que, si la OTAN ha sido tan eficaz en Libia, por qué no puede emplearse contra las legiones de Hafez El Assad en Siria, utilizando a Chipre como portaaviones?”

Para el Spiegel, la derrota de Gadafi es un “triunfo para Sarkozy” y “una vergüenza para Merkel”: “El Gobierno no quería participar en absoluto en la intervención militar contra la dictadura de Gadafi”, escribe la revista, “y ahora conoceremos el alcance de esta mala decisión”. La expulsión del régimen de Gadafi es un “éxito de Nicolas Sarkozy, de los estadounidenses y los británicos”, afirma Der Spiegel y añade que “la credibilidad de Alemania como defensora de los derechos humanos y su reputación como socio fiable han recibido un gran golpe".

Según Le Figaro, la operación libia es “un éxito indiscutible para la diplomacia francesa”. El diario parisino celebra también el éxito europeo de la operación: “El hecho de que París y Londres hayan suplantado por primera vez a Washington en la realización de una operación de la OTAN tendrá sin duda consecuencias en el futuro de la Alianza Atlántica. A pesar de las reticencias alemanas y gracias a la determinación franco-británica, Europa es perfectamente capaz de reaccionar en su entorno inmediato”, se felicita Le Figaro.

No obstante, en el Corriere della Sera, el editorialista Antonio Ferrari insta a la Unión Europea a “no permanecer como mera espectadora” de los cambios que se están produciendo en el mundo árabe: “Lo que sucede en el mundo árabe debería extender la convicción de que existe la posibilidad de convertir las ‘revoluciones de primavera’ en auténticas oportunidades, o animar a los diferentes países a que logren que así sea. Sería de gran beneficio tanto para nuestros vecinos cercanos como para nosotros”.

Con el fin de Gadafi, los países europeos que han contribuido a su caída se dan codazos para ocupar una posición privilegiada en lo que respecta a las relaciones con el nuevo régimen, tal y como explica La Stampa: “la competencia entre las cancillerías es tal que, si Sarkozy anuncia que debe recibir en el Elíseo al presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT, el Gobierno rebelde) Mustafa Abdel Jalil el 24 de agosto, Silvio Berlusconi trabaja en una operación de “acuerdo para Libia” en Roma, el mismo día o incluso la víspera.

La competencia entre París y Roma sobre la era después de Gadafi también se ejerce en el plano comercial, y en particular alrededor del petróleo, destaca La Stampa y afirma que “Francia e Italia tienen pensado llenar sus depósitos con el petróleo libio. Por su parte, Rusia, China y Brasil”, que poseen empresas petroleras asentadas en Libia y se mostraron en contra de la intervención militar, “corren el riesgo de pagar un alto precio”.

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