Ante el avance del conflicto y la cercanía del frente, en enero de 2024, el dueño del Delfinario NEMO de Járkov hizo una llamada desesperada al Oceanográfico de Valencia: “Tenemos dos belugas”. “Nos contactó para ver si podíamos ayudar, porque éramos el único acuario de Europa con instalación para estos animales”, explica Robert Gojceta, conservador de mamíferos marinos del Oceanogràfic.
La beluga es una especie de cetáceo más pequeño que las ballenas. En este delfinario del norte de Ucrania había dos: una hembra de 14 años y 800 kg de peso, llamada Miranda, y un macho, de 15 años, con unos 1200 kilos y casi cinco metros, de nombre Plombir. Su propietario, que tenía varios delfinarios, con delfines y leones marinos, ya había lanzado una petición de auxilio al principio de la guerra, en febrero de 2022, para conseguir comida para los animales. Entonces, la comunidad de parques acuáticos europeos se movilizó para llevar pescado y apoyar con recursos, “pero, en ese momento, no pensábamos en traer a las belugas aquí”, matiza Gojceta.
Pasaron los meses, las tropas rusas avanzaban y el frente llegó a estar a 800 metros del delfinario de Járkov. Su personal lo protegió con sacos de arena, y los cetáceos, que son animales que viven en un mundo acústico –el sonido es su principal sentido para comunicarse, orientarse, encontrar comida y detectar depredadores– “posiblemente, sufrieron mucho estrés por el ruido de las explosiones y bombardeos”, continúa Gojceta. Así que el dueño pidió ayuda para evacuarlas.
“En mis 33 años de experiencia, he hecho muchos traslados, pero nada así”, exclama Gojceta, que lleva tres décadas trabajando en acuarios, anteriormente como entrenador de delfines y leones marinos. Dice que cada transporte de cetáceo es complejo, “ya sea una beluga, un delfín o una orca”, pero “este lo fue mucho más”, porque en condiciones normales, “hay mucho trabajo de preparación previo: vamos al sitio para conocer a los animales, nos informamos y llevamos a cabo logística y permisos, que son muy complejos”. Y, en esta ocasión, “no pudimos hacer nada de eso, porque Járkov estaba bastante cerca del frente. Además, era gente que estaba sufriendo problemas mucho más graves que nuestras peticiones, así que tuvimos que improvisar un poco”, admite.
Lo más fácil para trasladar un animal entre Ucrania y España hubiese sido el avión, pero el espacio aéreo ucraniano está cerrado por la guerra. “Así que la única manera de evacuar a las dos belugas era por carretera, hasta Moldavia y volar desde allí”, rememora el conservador de mamíferos marinos.
El rescate duró unas 40 horas. Un gran cajón hermético con agua iba dentro del camión. La primera parte del viaje, la hicieron por carretera, unos 700 kilómetros entre Járkov y Odessa, durante 12 horas. Gojceta viajó a Moldavia una semana antes para inspeccionar las instalaciones y, después, a Odessa, donde había una piscina de emergencia, por si los animales no llegaban en condiciones de continuar el viaje y había que hacer una pausa.

Una vez en Odessa, los cuidadores ucranianos se reunieron con el equipo del Oceanogràfic de Valencia y miembros de Georgia Aquarium y de SeaWorld, que llevaron a cabo los controles veterinarios. Después, pusieron rumbo a Moldavia. Del equipo ucraniano solo pudo salir la chica, porque los hombres tenían prohibido abandonar el país, relata Gojceta.
El trayecto, con las dos belugas a bordo, fue lento, debido a los checkpoints, pero, desde el punto de vista técnico, Gojceta dice que la parte más difícil fue la del aeropuerto de Moldavia: “Los operarios y el personal de seguridad nunca habían hecho algo así y estaban muy impresionados”. Además, el aeropuerto de Chisinau es muy pequeño y no tiene el material necesario para recibir grandes aviones de carga. ¿Cómo iban a volar con las dos miniballenas? “Fue muy estresante, porque en Moldavia no había delfinario por si pasaba algo y las belugas ya no podían volver a Ucrania; había que irse a España como fuese”, relata. Y había una sola posibilidad.
“Hay un modelo de avión, que antes era militar, se abre por atrás, y tiene la grúa dentro”, continúa Gojceta, pero había otro problema: “La compañía que usa este modelo es rusa y no se podía volar con ellos”. Al final encontraron un avión apropiado en Azerbaiyán, que voló hasta Moldavia y desde allí, con las dos belugas, a Valencia.
“Emotivamente fue fuerte”, admite Gojceta. “Cuando despegamos, fue una liberación”. Junto a las belugas, iba una trabajadora ucraniana, “que tenía una doble preocupación, por una parte, quería ayudar a los animales a que se acostumbraran; por otra, estaba deseando volver para estar con su familia”.
En la actualidad, Miranda y Plombir residen en el Oceanografic de Valencia, junto a otras dos belugas que ya había en Valencia, Kylu y Yulka.
Algunos de los episodios más insólitos y poco conocidos de los casi cuatro años de conflicto en Ucrania han sido los rescates y traslados de animales –como este–, desde zoos y reservas ucranianas que quedaban cerca del frente.
Solo en 2022, más de 1000 animales, incluidos gatos, perros, aves, tigres, leones, osos, camellos, caballos, muflones, alpacas, vacas, mapaches, tejones, zorros, lobos, burros, ovejas, cabras, nutrias, serpientes, salamandras, puercoespines y lémures fueron evacuados desde zonas de alto riesgo en Ucrania a espacios seguros, describe la asociación Uanimals. Unos 400 animales fueron evacuados al extranjero en espectaculares rescates.
Más de 600 animales salvajes procedentes de las regiones más afectadas por el conflicto han sido acogidos en el Zoológico de Kiev, “teniendo en cuenta el relevo natural y los nacimientos”, especifica a El Confidencial un portavoz del zoo. Entre ellos, un tigre, varios camellos y cálaos terrestres abisinios de Járkov. Así, si el 1 de febrero de 2022, el Zoológico de Kiev albergaba a 1613 animales y, a finales de noviembre de 2025, contaba con 2050 animales.
Explican que para su mantenimiento, se ocupan de conseguir “pienso continuamente y reservas para el invierno, gracias en parte a los colegas europeos de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA)”, matizan. La guerra no ha producido daños importantes en este zoo, “solo periódicamente rotura de cristales y daños en los techos por las ondas expansivas de las explosiones”.
El rescate de los leones de Járkov
Uno de los zoos ucranianos que más daños ha sufrido en la guerra es el Parque Ecológico Feldman de Járkov, que estuvo 199 días bajo asedio diario, según datos del centro. Antes de la invasión, albergaba a una de las mayores poblaciones de fauna silvestre en cautiverio de Ucrania. Con arriesgados traslados, han conseguido salvar la vida de 4750 animales.
“Algunos con más éxito que otros”, explica la investigadora Sofía Santos del Centro para la Resiliencia de la Información (CIR), en un informe, en el que admite que el personal del zoo se vio expuesto a situaciones muy peligrosas, y en uno de los rescates, murió un voluntario de 15 años. El documental Checkpoint Zoo, dirigido por Joshua Zeman y producido por Leonardo DiCaprio, narra la arriesgada evacuación de los animales, incluidos leones e incluso una familia de tapires. El parque ha vuelto a abrir sus puertas.
Osos ucranianos en Rumanía, Alemania, Francia y Polonia
“Aquí tenemos a Bolik,que vino después de que empezara la guerra de Ucrania”, explica Paula Ciotlos, vicepresidenta de la asociación Millions of Friends, mientras camina por la Reserva de osos de Zarnesti, al sur de Brasov, en Rumanía.
Bolik es un oso pardo de 600 kilos, que fue evacuado a Rumanía, en abril de 2022, desde un complejo turístico de Chernivtsi, en el suroeste de Ucrania, con el apoyo de la organización local ucraniana UAnimals y Wild Animal Rescue International Charity Foundation.
🤝 Este artículo forma parte del proyecto PULSE, Kim Son Hoang (Der Standard, Austria) y Angelina Davydova (n-ost, Alemania) han contribuido.
👉 Artículo original en El Confidencial.
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