Hungría bajo la sombra de la guerra en Ucrania

La respuesta de Viktor Orbán a la guerra en Ucrania ha consistido en intentar mantenerse al margen del conflicto, lo que ha molestado tanto a la oposición húngara como a la UE. No obstante, habrá que ver por cuánto tiempo un país pequeño y pobre en recursos como Hungría podrá permitirse seguir viendo los toros desde la barrera, escribe el autor húngaro György Dalos.

Publicado en 4 agosto 2022

En términos meramente geográficos, el cambio de sistema social en Hungría no ha cambiado nada: el país todavía cubre un área de 93 000 km2. Por otra parte, la antigua República Popular ahora limita con cinco países nuevos que deben su condición de Estado a la disolución de entidades multiétnicas más extensas.

En el norte, ya no linda con la antigua ČSSR, sino con la República Eslovaca y con Ucrania, que antes formaban parte de la URSS pero ahora son independientes. En el sur, el colapso de la antigua Yugoslavia llevó a la creación de tres nuevos Estados: Serbia, Croacia y Eslovenia. Lo que conecta a la mayoría de estas nuevas entidades políticas con Hungría y sus viejos vecinos, Rumanía y Austria, es la membresía de la UE.

Serbia se encuentra en la lista de espera, y Ucrania es considerada como un candidato deseable. Dos de los Estados sucesores del antiguo bloque del Este, Eslovaquia y Eslovenia, han adoptado el euro como moneda propia. En contraste, Serbia y Croacia han creado su propia moneda nacional.

En los años noventa, todos estos países se convirtieron en democracias parlamentarias en las que las rivalidades entre los diversos grupos de poder se desarrollaron de manera abierta y, en múltiples ocasiones, violenta. Cada giro y vuelta y cada conflicto interno en estas repúblicas afecta los intereses de Hungría debido a las minorías húngaras que viven en ellas: 1,5 millones en Rumanía, 500 000 en Eslovaquia, 150 000 en Ucrania, 300 000 en Serbia, 16 000 en Croacia y 15 000 in Eslovenia.

Estas minorías son un legado de dos acuerdos de posguerra, el Tratado de Trianón de 1920 y los Tratados de Paz de París de 1947, que supusieron pérdidas territoriales significativas para Hungría. Los problemas actuales a los que los húngaros hacen frente en el extranjero, ya estén relacionados con derechos lingüísticos o instituciones educativas, también proveen, inevitablemente, material para la política nacional. Las antiguas animosidades se resucitan una y otra vez y se instrumentalizan con facilidad.

Ciertamente, algunos de los vecinos de Hungría tampoco pueden resistir siempre este tipo de tentaciones, pero hasta el momento estos conflictos no han traspasado los límites pacíficos y solo han tenido un impacto indirecto en los intereses de seguridad de Hungría. No obstante, las guerras yugoslavas de entre 1991 y 2001 revelaron la frágil estabilidad de toda la región y qué sucede cuando las superpotencias se entrometen en disputas nacionales.

El 24 de febrero de 2022 pasará sin duda a los anales de la historia europea y por ende la húngara. La guerra no declarada de Rusia en Ucrania ha cambiado drásticamente las relaciones que habían prevalecido entre el Este y el Oeste desde el colapso de la URSS, y ha ensombrecido casi de manera apocalíptica la política internacional. Es difícil predecir cuándo y cómo terminará este conflicto armado, pero no cabe duda de que pasará un largo tiempo antes de que se establezca un nuevo equilibrio garante de paz. Como mínimo, la Unión Europea y la OTAN ahora deben lidiar con un poder hostil en sus fronteras y prepararse para una nueva fase de la Guerra Fría.

En lo que se refiere a la manera en que la devastadora "operación militar especial" en Ucrania puede haber influido en las elecciones húngaras del 3 de abril, parecería lógico suponer que, tomando en cuenta el actual clima de temor, los votantes prefirieron mantener en el poder al partido individual Fidesz en vez de arriesgarse a elegir una coalición inestable de seis partidos. Esta suposición también subyace en el deseo de Orbán, manifestado abiertamente, de que se «exima» a Hungría del conflicto, una posición que ha recibido fuertes críticas de parte de la oposición y que incluso ha sido tildada de traición hacia los aliados occidentales de Hungría.


La cercanía de Orbán con Putin, manifestada recientemente en su visita a Moscú a finales de enero de 2022 promocionada como una "misión de paz", no es una mera coquetería, sino más bien una parte integral del "camino especial" entre el Este y el Oeste que está buscando recorrer


Sin embargo, la "exención" propuesta está limitada a dos áreas: el rechazo del tránsito de cargamentos de armas con destino a Kiev a través del territorio húngaro y el rechazo de la extensión de las sanciones de la UE contra Rusia en el sector de la energía. Esta segunda posición busca permitir que un controvertido proyecto ruso-húngaro para la construcción de una planta de energía nuclear en el Danubio (Paks II) prosiga sin cambio alguno.

Pese a que Hungría sí posee intereses especiales que merecen consideración, la solicitud de ser "eximida" claramente va demasiado lejos. Hungría tiene una frontera de 136 km con Ucrania (la antigua frontera con la URSS) y, como se mencionó anteriormente, alrededor de 150 000 húngaros étnicos viven en el óblast de Transcarpatia, muchos de los cuales están casados con ucranianos. Como consecuencia, hasta el momento, casi 200 000 refugiados – húngaros, ucranianos e incluso ciudadanos de países terceros que residen en Ucrania – han ingresado a Hungría a través de seis cruces fronterizos. Incluso si la mayoría de ellos no planea permanecer en Hungría, las disposiciones logísticas empleadas tendrán un enorme e impredecible impacto en las finanzas nacionales. Sería difícil superar este reto sin la ayuda desinteresada de organizaciones civiles y ciudadanos privados, y sin el apoyo de la UE.

La guerra también genera preguntas incómodas a nivel político. Las relaciones de Hungría con ambos adversarios están lejos de presentar un verdadero equilibrio. En 1995, el gobierno de József Antall firmó un tratado de amistad con la república independiente de Ucrania que, entre otras cosas, garantizaba una exención de visado. No obstante, las relaciones entre ambos países se enfriaron, en gran parte por las políticas lingüísticas restrictivas de Kiev, que afectan de manera adversa a las minorías húngaras y a las enormes minorías rusas en Ucrania. Al mismo tiempo, en la era de Orbán, las relaciones con la Rusia de Putin han florecido de forma positiva como resultado de las similitudes ideológicas entre ambos hombres de Estado: su postura autoritaria y el iliberalismo que subyace en sus respectivos conceptos del Estado. 

La cercanía de Orbán con Putin, manifestada recientemente en su visita a Moscú a finales de enero de 2022 promocionada como una "misión de paz", no es una mera coquetería, sino más bien una parte integral del "camino especial" entre el Este y el Oeste que está buscando recorrer. Las numerosas palabras vacías proferidas sobre valores europeos fundamentales y la firma de declaraciones conjuntas contra la invasión rusa no ayudan mucho a desafiar la impresión de que, en la era de Orbán, Hungría está tornándose progresivamente en un mero miembro correspondiente de la UE.

Mientras las horribles imágenes de la guerra continúan impactando al público cada día, y el final del conflicto, con todas sus devastadoras consecuencias económicas, no puede estar muy lejos, el primer ministro húngaro pregona una "calma estratégica". Independientemente de lo que los ciudadanos individuales puedan interpretar de este concepto un tanto nebuloso, este podría ocultar la inquietud de las élites del Fidesz. En el décimo tercer año de la era de Orbán, el sistema está haciendo frente a dificultades crecientes provenientes de sus propias políticas económicas y sociales. La moneda nacional se está devaluando día a día (un euro ahora cuesta 400 forintos, mientras que en 2010 equivalía a solo 285) y los precios de los alimentos se han disparado. 

El gobierno ha impuesto una congelación de precios temporal, una medida que está afectando con más fuerza a las microempresas y a las pequeñas empresas y que, en el caso de los precios del petróleo, ha llevado a muchas gasolineras a la bancarrota debido a sus ingresos decrecientes. Orbán intenta explicar la tasa de inflación de 10,7 % en términos monocausales: "Hemos logrado mantenernos al margen de la guerra, pero no estaremos exentos de sus consecuencias. Los precios han aumentado en parte por la guerra, pero también debido a las sanciones impuestas por Occidente". No cabe duda de que Viktor Orbán está creando una «calma estratégica» para sí mismo al responsabilizar a "Occidente" por la crisis financiera. Ahora solo queda ver por cuánto tiempo un país pequeño como Hungría, pobre en energía y materia prima, podrá seguir viendo los toros desde la barrera.

Traducido con el apoyo de la European Cultural Foundation
En asociación con S. Fischer Stiftung

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