Dos días, ése es el tiempo que ha durado el sentimiento de aparente estabilidad de las élites europeas. Dos días entre la imagen de una Merkel matriarcal, a la que todo el mundo miraba, y la de la depresión. Un médico podría decirnos de qué se trata: es una patología. Podría describirnos hasta qué punto la psique colectiva está enferma, hasta qué punto los fantasmas de grandeza y de confianza que ella misma engendra son falsos y engañosos.

Consternación en Alemania, en Finlandia, en Francia, e incluso en Inglaterra. Consternación sobre los mercados financieros y en los bancos, consternación porque el primer ministro griego Yorgos Papandreu prevé un referéndum para responder a una cuestión decisiva que marcará la suerte que correrá su país. **Lea el artículo completo en el sitio web de Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung**