Los Estados miembros de la UE están obligados a destinar a medidas climáticas al menos el 37 % del dinero del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR, que asciende a 750 000 millones de euros, en precios de 2018) posterior a la COVID. Pero, hasta ahora, las cantidades destinadas a la protección de la naturaleza parecen ínfimas.
Las ONG EuroNature y CEE Bankwatch Network han analizado los planes de recuperación de países de la UE de Europa Central y del Este. Lo que han determinado es que no se ha propuesto ninguna medida nueva para aumentar el área de terrenos y mares protegidos, ni para la recuperación de ríos, y que menos del 0,3 % del gasto de los 10 planes evaluados se invertirá en biodiversidad.
Uno de cada 100 euros
“Nuestra investigación ha demostrado que existe una falta de cantidad y calidad en la financiación de la protección de la biodiversidad”, comentaba Pippa Gallop, especialista en finanzas y biodiversidad en CEE Bankwatch Network.
“Gran parte del dinero disponible para conservación y restauración se dedicará a medidas que posiblemente intensificarán la explotación de bosques de alta calidad o a proyectos de prevención de inundaciones que dañarán hábitats importantes”.
En junio de 2021, Vivid Economics descubrió que se destinaba menos del 1 % de los fondos a actividades de restauración y conservación como reforestación, agrosilvicultura, restablecimiento de humedales y creación de áreas verdes urbanas.
Mientras, los investigadores han calculado que 3700 millones de euros de inversiones en soluciones basadas en la naturaleza en solo cuatro países (Bulgaria, Francia, Italia y Polonia) podrían generar 172 000 puestos de trabajo y 7000 millones de euros en actividades económicas a lo largo de 15 años.
El déficit de financiación y el término comodín "ecológico"
Si bien hay disponible dinero de la UE, “los Estados miembros no dan prioridad a la restauración y la conservación”, comentaba Gallop.
Además del MRR, continúa como es habitual el flujo de dinero de cohesión a través de los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos (EIE). El programa de 2014 a 2020 (procedente del presupuesto plurianual de la UE) aún no se ha cerrado, mientras que el nuevo de 2021 a 2027 ya se ha iniciado.
Esta superposición de una cantidad de dinero sin precedentes supone un “reto”, según Elisa Ferreira, comisaria europea de Cohesión. Las distintas fuentes de financiación tienen diferentes objetivos, distintos grados de flexibilidad y diferentes plazos.
Según las cifras recopiladas por la Plataforma de Datos Abiertos de Cohesión, las asignaciones totales planificadas en virtud del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y el Fondo de Cohesión del presupuesto de la UE eran de más de 10 000 millones de euros durante el periodo de 2014 a 2020, cuya implementación prosigue hasta finales de 2023.
La Estrategia para la Diversidad de la UE para 2030 establece varios objetivos para la financiación de la biodiversidad, incluida la necesidad de destinar 20 000 millones de euros anualmente.
Un estudio del Institute for European Environmental Policy señala que se necesitan al menos 48 000 millones de euros anualmente entre 2021 y 2030 para cumplir los objetivos de la Estrategia para la Biodiversidad de la EU para 2030. Dadas las cifras medias anuales calculadas de 15 000 millones de euros del Marco Financiero Plurianual (MFP) y de 14 000 millones de euros de gasto de los Estados miembros, existe un déficit de financiación de casi 19 000 millones de euros al año desde 2021 hasta 2030 (187 000 millones de euros en total).
Por otro lado, Gallop señalaba que “no hay ningún criterio real para identificar qué es y qué no es 'ecológico', pues se trata de una etiqueta como 'respetuoso con el medio ambiente' que cualquier persona puede aplicar a cualquier cosa”.
“Es fácil decir que algo es ‘ecológico’. Pero en muchas ocasiones la etiqueta no significa nada y se utiliza para productos, actividades o infraestructuras que parecen abordar un problema medioambiental cuando la realidad es que empeoran otros”.
Por ejemplo, en el informe de EuroNatur, se leía que “plantar árboles no es necesariamente una medida positiva y el planteamiento de medidas así es impreciso en los planes [de recuperación]”. “La mayoría de medidas en los planes no diferencian entre bosques productivos y no productivos. En la mayoría de los casos, la intención tras las medidas de plantar árboles es el uso económico de los bosques y no para su protección o para la repoblación forestal con el fin de reconstituir hábitats naturales. La falta de detalles e información en los planes plantea preguntas sobre el verdadero carácter de dichas propuestas”.
El Acuerdo Interinstitucional para el MFP de 2021 a 2027 fijaba el objetivo de aportar un mínimo del gasto anual de la UE para objetivos de biodiversidad, comenzando con un 7,5 % en 2024 y al menos el 10 % en 2026 y 2027. Desde 2022, la Comisión debe informar anualmente sobre el gasto para el objetivo de biodiversidad.
Corredores ecológicos
Según el último barómetro publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), en 2019 había casi 27 852 zonas protegidas que se extienden por 438 millones de hectáreas.
Juntas forman Natura 2000, una red de áreas protegidas que albergan las especies y los hábitats más valiosos y en peligro. Se trata del esfuerzo coordinado de este tipo más grande del mundo, ya que se extiende por 28 países de la UE, por tierra y por mar.
Además, existe el programa LIFE, creado por la Directiva Hábitats en 1992. Este programa ha cofinanciado trabajos de conservación en más de 5400 áreas de Natura 2000, aproximadamente el 20 % de la red.
Los corredores ecológicos deberían estar en esta lista. Se definen como “una franja estrecha de vegetación que utiliza la fauna y que puede permitir el movimiento de factores bióticos entre dos áreas”.
Estos terrenos se consideran “zonas de contención”. Con frecuencia, se extienden por varios países y, en algunos casos, compiten con actividades humanas como la agricultura y el pastoreo.
Incluso cuando la ley protege estas zonas, no quiere decir necesariamente que las zonas estén seguras o que seguirán estándolo.
La Directiva Hábitats y sus complicaciones
Los datos de la Comisión Europea demuestran que el medio ambiente era la principal área de política de los casos de infracciones abiertos a finales de 2021, con 356 casos. 52 de ellos eran nuevos.
Algunas personas sostienen que, aunque los Estados miembros de la UE quieran respetar la ley, la siguen infringiendo por la forma en que funcionan sus economías.
Durante la década de los ochenta y los noventa, la ley de la UE se enfrentó a una elección fundamental entre proteger solo los hábitats principales, o todos los espacios naturales con un enfoque más holístico.
Al inicio de las negociaciones, la Comisión Europea propuso una lista de corredores ecológicos que debían protegerse. La solicitud no surgió por casualidad: contaba con el fuerte apoyo de Países Bajos, que por entonces estaba trabajando en su propia red de naturaleza.
La Directiva Hábitats se concluyó en 1992. “Como suele ser habitual, los Estados miembros llegaron a un compromiso”, comenta Lorenzo Squintani, catedrático de ley energética en la Universidad de Groninga (Países Bajos). Decidieron otorgar solo “un valor legal marginal, si fuera necesario” a las zonas que se extienden por diferentes países.
“Sigue faltando una legislación específica”, añade. “Se tratan con imprecisión elementos importantes de los paisajes”.
La historia de la Directiva Hábitats “es una historia de fracaso”, afirma. Pero “nadie se atreve a tocarla, no porque todos crean que esté bien, sino porque todos temen que, al hacerlo, supondría reducir su ámbito de aplicación”.
“Cualquier resultado dependería del ‘color’ político del Consejo Europeo y la izquierda ha estado perdiendo terreno en muchos países”, comenta Squintani. “Están en juego muchos intereses”.
La directiva fue “revolucionaria” en su momento. “Ahora ha llegado el momento de replantearse la exclusión de las zonas de contención”.
Kassandra Nikoleit y Alex Kemman han contribuido a este artículo
Esta historia forma parte de la serie “The Green Veins of Europe: eco corridors and the European Green Deal” (Las venas verdes de Europa: corredores ecológicos y el Pacto Verde Europeo), que cuenta con el apoyo de Journalismfund.eu a través de las Investigation Grants for Environmental Journalism (Becas de investigación de periodismo medioambiental).
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