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El impacto de la contaminación química es muy fuerte para ser ignorado

La contaminación es responsable de una de cada seis muertes en el mundo. Estas cifras son una nueva llamada de atención para que se preste más atención al medio ambiente.

Publicado en 25 mayo 2022 a las 11:26

La contaminación cobra 9 millones de vidas al año, el equivalente de la población de Londres, según revela un estudio publicado el 18 de mayo por el periódico The Lancet Planetary Health y realizado bajo el auspicio de la Global Alliance on Health and Pollution (GAHP). La contaminación es responsable de una de cada seis muertes en el mundo, lo que activa otra alarma para un mejor cuidado del medioambiente. 

En 2017 se publicó un primer informe, pero el impacto general de la contaminación no ha mejorado durante este periodo. 

El número de fallecimientos atribuido a la contaminación supera al de la guerra, el terrorismo, la malaria, el VIH, la tuberculosis, las drogas y el alcohol combinados. Los autores del informe también estiman el impacto económico de la contaminación en 4,6 billones de dólares (9 millones de dólares por minuto). 

Este nuevo estudio informa que las fuentes principales de contaminación han cambiado. Desde el 2000, el número de muertes y enfermedades imputables a la contaminación asociada a la pobreza extrema ha disminuido gracias a las mejoras en el suministro de agua, el saneamiento, los antibióticos y los tratamientos.  No obstante, «estas disminuciones se ven completamente socavadas por un gran aumento en las formas modernas de contaminación inducidas por el crecimiento económico, la industrialización y la urbanización», deplora Joe Shaw, experto en contaminación por sustancias químicas tóxicas de Indiana University, coautor del informe e investigador del proyecto financiado por la UE PrecisionTox

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Los fallecimientos por contaminación atmosférica y sustancias químicas tóxicas han aumentado un 7 % desde la revisión anterior y un 66 % desde el 2000. De los 9 millones de muertes prematuras anuales por contaminación, un 75 % están relacionadas con la contaminación atmosférica, mientras que las sustancias químicas tóxicas han causado 1,8 millones, la mitad de las cuales se pueden imputar a la exposición al plomo. 

El informe también destaca una injusticia en cuanto a la salud mundial y el medioambiente: un 90 % de las muertes relacionadas con la contaminación suceden en los países de bajos y medianos ingresos (PBMI). Estos aumentos nacen de la combustión de combustibles fósiles, la industrialización, la urbanización descontrolada, el crecimiento demográfico y las políticas químicas inadecuadas o inexistentes. 

Sin embargo, esto tan solo es la punta del iceberg. «No cabe duda de que el resultado total de los efectos de la contaminación en la salud sería mayor si fuese posible generar datos de salud más exhaustivos, sobre todo si se pudiese identificar y analizar todas las vías de las sustancias químicas en el medioambiente», explica el informe. Se espera que la producción mundial de estas sustancias se duplique para 2030; dos tercios de la producción actual se generarían en los PBMI. Solo una pequeña fracción de estas sustancias químicas ha sido sometida adecuadamente a pruebas de seguridad, lo que significa que, sin duda alguna, los datos están subestimando el impacto de la contaminación por sustancias químicas tóxicas.

El director general de Pure Earth, Richard Fuller, encargado del informe, explica que «muchas sustancias químicas, como el mercurio, las PFAS, el amianto, los pesticidas o los disruptores endocrinos, no están incluidas en este análisis debido a la falta de información para evaluar su impacto a escala mundial.  Muchos expertos piensan que, si se estimase propiamente la carga química total, posiblemente la cifra sería de 4 millones de muertes en vez de 1,8 millones».

Rachael Kupka, directora ejecutiva de la GAHP, agrega que «otro problema importante es que muchas de estas sustancias químicas son tóxicas para el cerebro, el sistema inmunitario, la fertilidad o el embarazo, y esto de manera permanente. Los niños son particularmente vulnerables». Por ejemplo, la exposición a la contaminación atmosférica y a aquella producida por el tráfico se ha vinculado con el aumento de la mortalidad por covid-19 o influenza, mientras que la exposición al plomo está correlacionada con la pérdida del CI, el aumento en las tasas de fracaso escolar, la disminución de la productividad económica, la discapacidad intelectual e incluso la violencia. 

Pese a estas cifras dramáticas y el claro vínculo entre la contaminación, el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad, se ha hecho poco para abordar este importante problema de salud pública a escala mundial. Si bien cada vez existe más evidencia de que los contaminantes pueden cruzar fronteras (por medio del viento, el agua, las cadenas alimenticias o los productos de consumo), la contaminación suele abordarse como un asunto local. 

Uno de los mayores desafíos que enfrentamos es recopilar más datos sobre las sustancias tóxicas con el fin de aumentar la capacidad de los Estados, los científicos y los asesores de riesgos, en especial en los PBMI, para supervisar, controlar y abordar la contaminación. «Los planteamientos de toxicología de precisión que estamos desarrollando como parte del proyecto PrecisionTox, financiado por la UE, ayudarán a evitar muertes y enfermedades causadas por la contaminación moderna al mejorar métodos para identificar y mapear sustancias químicas tóxicas en el medioambiente», declaró Joe Shaw. La mayoría de los métodos utilizados para detectar la toxicidad sistémica no pueden ampliarse hasta el nivel necesario para abordar este inmenso problema. PrecisionTox reúne a investigadores de 15 organizaciones en Europa y Estados Unidos para desarrollar una nueva generación de métodos de ensayo que mejorarán la capacidad de identificar los peligros de las sustancias químicas.

La contaminación atmosférica y química representan amenazas para el planeta que necesitan atención urgente y una cooperación a escala internacional. Los investigadores recomiendan una transición rápida de los combustibles fósiles a las energías limpias y renovables. También solicitan a los gobiernos y a los donantes un mayor financiamiento para la supervisión y el control de la contaminación, y asimismo, piden que se le dé prioridad a la prevención de la contaminación y a la protección sanitaria a nivel nacional e internacional, junto con el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad.


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