Jeroen Dijsselbloem, el cirujano de Europa

¿Podemos mantener la unión monetaria y evitar un drama griego? Ahora que Jeroen Dijsselbloem posiblemente vuelva a ser nombrado presidente del Eurogrupo, Vrij Nederland analiza la carrera y el estilo del ministro de Finanzas holandés.

Publicado en 17 junio 2015 a las 11:08

Dijsselbloem lleva ya más de dos años al frente del Eurogrupo. No tenía absolutamente ninguna experiencia en política internacional cuando aterrizó de repente en el núcleo de la política europea. Su predecesor en la presidencia del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, un veterano en el circuito europeo, era conocido por su lenguaje vago, su política en la trastienda y las largas reuniones nocturnas. Desde su nombramiento, Dijsselbloem ha actuado de un modo muy distinto. En raras ocasiones deja que las reuniones se prolonguen más de lo establecido. Acorta los enrevesados discursos de sus homólogos. Hace hincapié en la necesidad de cumplir los acuerdos. Y emplea un lenguaje claro y directo.

[[Su lenguaje honesto fue el mayor cambio al que tuvo que adaptarse Bruselas]]. La franqueza de Dijsselbloem produjo incluso un gran tumulto internacional durante su primera gran prueba: la gestión de la crisis de Chipre. En marzo de 2013, en una entrevista concedida al Financial Times, confirmó que una de las medidas adoptadas para luchar contra la crisis chipriota, es decir, que los depositantes también iban a contribuir al rescate de los bancos, serviría de modelo o plan de acción para otros países en la eurozona. Entonces le llovieron las críticas que afirmaban que había arrojado una bomba verbal a los mercados financieros. Al final no resultó ser tan mala idea, pero esta afirmación le persiguió durante mucho tiempo. “Dijsselbloem puede ser bastante directo”, afirma Peter Spiegel, director de la sede bruselense del Financial Times, que fue quien recogió la cita del plan de acción. “Dijo la verdad por accidente. Es su estilo. Es lo contrario a Juncker, que una vez afirmó: ‘Si las cosas se complican, mienta’”.

El año pasado, la sinceridad de Dijsselbloem volvió a suscitar otro estruendo internacional al tachar al propio Jean-Claude Juncker de “fumador y bebedor inveterado” en el programa de televisión neerlandesa Knevel & Van den Brink. La frase dio la vuelta al mundo. Juncker, que acababa de anunciar su candidatura a la presidencia de la Comisión Europea, se vio obligado a declarar públicamente que “no tenía ningún problema con el alcohol”.

La estratosfera de Bruselas

Dijsselbloem no cree que su comentario perjudicara su relación con Juncker de modo permanente. “Fue una broma desafortunada que le causó muchos problemas a Jean-Claude. Le pedí disculpas dos veces, primero por teléfono y luego tomándonos un café. Con eso debería quedar zanjado el asunto, no se puede prolongar para siempre”. Mientras, según afirma Dijsselbloem, su relación con Juncker “es buena”. “Hablamos por teléfono casi todas las semanas para mantener la misma postura sobre Grecia. Cada vez que nos encontramos me abraza y me besa”. Y añade sonriendo, “Aunque parece que es algo que hace con todo el mundo”.

Para desenvolverse en la estratosfera de Bruselas, hay que saber jugar en política de forma impecable. El presidente del Eurogrupo tiene que lidiar con oponentes de diecisiete nacionalidades distintas, con grandes diferencias culturales, egos aún mayores, antiguas disputas e intenciones ocultas. Con un inglés en ocasiones deficiente, esta variopinta asamblea tiene que llegar a un acuerdo. En principio, todas las decisiones se toman de forma unánime, por lo que el que diga “no” más alto puede tener un gran impacto. Como presidente, Dijsselbloem debe evaluar si se trata de una negativa táctica con el fin de afianzar una mejor posición en la negociación, o bien una posición ideológica e inflexible. Según fuentes internas de Bruselas, Dijsselbloem le está cogiendo el truco. “Su mayor logro”, explica Peter Spiegel, “es que el Eurogrupo nunca ha estado antes tan unido como ahora, bajo su liderazgo”.

Diciembre de 2012. En la tercera reunión de los ministros europeos de Finanzas a la que Dijsselbloem asiste como ministro del Gobierno, escucha que Wolfgang Schäuble, el ministro francés Pierre Moscovici, el presidente de BCE Mario Draghi y el comisario de la UE Michel Barnier están reunidos en una sala aparte, para hablar sobre la formación de una Unión Bancaria. Decide asistir a la reunión. Todos se quedan perplejos: ¿quién se ha creído que es este joven holandés engreído? Pero no le dicen que se marche. Cogen otra silla para que se siente. Durante horas asiste a la reunión y habla sobre cómo luchar contra la crisis y salvar la unión monetaria. En las siguientes semanas, el contingente alemán comienza a difundir el rumor de que Dijsselbloem puede ser el sucesor idóneo de Juncker. Dijsselbloem afirma que la idea es descabellada cuando la escucha entre sus empleados; se niega a creer que vaya en serio. Pero justo en la siguiente reunión, Wolfgang Schäuble le nomina personalmente como candidato favorito. Los demás no presentan objeciones. Unas semanas después comienza en su nuevo puesto.
El lacayo de los alemanes
“Wolfgang Schäuble inventó a Dijsselbloem”, afirma uno de los empleados del ministro alemán. “Mantiene con él una relación casi paternal”. Dijsselbloem también lo percibe así. “Schäuble es un político experimentado. Es un negociador fabuloso. Y cuando llegas a conocerle, también es gracioso. Le encanta generar antagonismo entre las personas de forma irónica, siempre con una sonrisa. Es un pícaro”.

La sólida relación que les une también tiene un lado negativo: desde el momento en el que Dijsselbloem fue nombrado presidente tras la nominación de Schäuble, empezó a ser conocido, sobre todo en los países del sur, como el lacayo de los todopoderosos alemanes. Y el frugal holandés también se ha ganado la reputación de ser el máximo aliado de Alemania en la aplicación de las draconianas normas presupuestarias. Los medios de comunicación le han llamado “lacayo de Schäuble” y “alemán con zuecos”.

Pero [[los expertos también comentan que Dijsselbloem sin duda también se opone a los alemanes de vez en cuando]]. Por ejemplo, en enero decidió viajar a Atenas inmediatamente después de la victoria del partido de izquierda radical Syriza, en contra de los deseos de Schäuble.

Dijsselbloem es el rostro del Eurogrupo, pero la mayor parte de su trabajo se desarrolla entre bambalinas, en reuniones privadas y con llamadas telefónicas a compañeros y líderes políticos. Se apoya en gran medida en sus empleados de Bruselas, el Grupo de Trabajo del Eurogrupo, liderado por el austriaco Thomas Wieser, así como en un pequeño grupo de funcionarios de su propio departamento ministerial.

Según Thomas Wieser, Dijsselbloem siempre mantiene la calma, independientemente de las dificultades que le planteen los ministros del Eurogrupo. “Siempre se mantiene tranquilo en el ojo del huracán”, explica. “Nunca he visto a Jeroen enfadarse. Tiene una paciencia infinita. Es como un pájaro carpintero haciendo un agujero en un roble. Así es el método de Dijsselbloem. Si aún no tiene la solución tras intentarlo cinco veces, lo vuelve a intentar”.
Respeto ganado
Los expertos en Bruselas señalan que con sus conocimientos y su talento para el pensamiento creativo, Dijsselbloem se ha ganado el respeto de muchos de sus homólogos en el Eurogrupo. Según afirma el propio Dijsselbloem, es algo que también le ha ayudado a superar cualquier inseguridad: “Me ocurrió lo mismo cuando estaba en la Cámara de Representantes: quiero saber hasta el más mínimo detalle, quiero dominar todos los asuntos. De lo contrario, me siento inseguro al asistir a una reunión. Me preocupa que alguien plantee una propuesta y yo no la entienda”.

Cuando Dijsselbloem habla con Alexis Tsipras por teléfono el 25 de abril, tras volver de una reunión con el Eurogrupo en Riga, le explica que no pueden seguir así. Se avanza con demasiada lentitud. Las negociaciones con los ministros y las autoridades griegas no tienen estructura, son fragmentadas y no hay coordinación. Insiste en que Tsipras vuelva a asumir el control.
Dos semanas más tarde, después de la siguiente reunión del Eurogrupo en Bruselas, Dijsselbloem anuncia en la rueda de prensa que por primera vez en nueve meses, se ha progresado. Lo que parecía una tarea imposible en Riga (llegar a un acuerdo con Grecia antes del 1 de julio para evitar la bancarrota del país) ahora parece un resultado posible. “Aún tenemos que salvar importantes diferencias”, afirma, “pero ahora las negociaciones transcurren de un modo más eficiente y constructivo”.

Y mientras, el primer mandato de Dijsselbloem está llegando a su fin. Oficialmente aún no es candidato, pero ya han comenzado las acciones de lobby para que vuelva a ser nombrado. El asunto de su posible candidatura se ha planteado sutilmente en varias ocasiones durante las últimas semanas, en sus visitas a París, Berlín y Roma. Parece que sus posibilidades aumentan. Según los analistas en Bruselas, el apoyo que expresó Angela Merkel al ministro español De Guindos no significa en absoluto que Dijsselbloem no tenga ninguna posibilidad. “Merkel es conocida por dejar de apoyar a alguien si es necesario”, comenta Peter Spiegel. “No hay nada definitivo”, explica Markus Ferber, “en noviembre se celebran elecciones en España. Lo que significa que el futuro político de De Guindos es incierto”. Por otro lado, existen muchas posibilidades de que los poderosos alemanes, en estos tiempos complicados, no quieran “Keine Experimente”, es decir, ningún experimento. Y entonces, la mejor opción sería Jeroen Dijsselbloem.

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