Opinion La Eurocopa 2020, Hungría y los derechos LGBT

El homoizquierdismo no es la respuesta al nacionalismo homófobo

Los gobiernos, las empresas y organizaciones que denuncian la violación de los derechos LGTBIQ+ en otros países, como en Hungría durante la Eurocopa de fútbol, deberían evitar el pinkwashing barato. En su lugar, deberían actuar para proteger a los colectivos LGTBIQ+ tanto en casa como en el extranjero, afirma el politólogo (y futbolero) Cas Mudde.

Publicado en 25 junio 2021 a las 10:15

No me malinterpretéis, como defensor de la democracia liberal, los derechos LGTB y, sí, seguidor de la Mannschaft, celebré entusiasmado el gol de empate de León Goretzka contra el equipo húngaro, así como la celebración con el símbolo del "One Love", pero también comparto parte de la inquietud que siente Jeremy Cliffe, el editor internacional de la revista New Statesman sobre cómo se ha responsabilizado a todos los jugadores y aficionados húngaros de las políticas intolerantes de su líder autoritario. De hecho, la historia de "los progresistas contra Hungría y la UEFA" me parece que está fuera de lugar.

[Me inquieta mucho la manera en que el equipo de fútbol húngaro se está convirtiendo en el representante internacional de las políticas homófobas del régimen de Orbán]

Por supuesto, la UEFA, al igual que la mayoría de grandes asociaciones deportivas, es muy hipócrita en su selectiva estrategia de mezclar fútbol y política. Dejando a un lado que todos los deportes son políticos, ya que siempre son una expresión de normas políticas y culturales, un torneo internacional de equipos que representan unidades políticas como los países es, por definición, profundamente político.

Así y todo, la propia UEFA está promocionando la campaña "Equal Game" que "lucha contra la discriminación" basada (al menos) en el género, la raza y la sexualidad, una cuestión profundamente política en el mundo polarizado actual. Si bien es cierto que el autócrata Viktor Orbán ha incluido explícitamente el fútbol en su campaña nacionalista y populista y ha invertido cantidades ingentes de dinero público en estadios privados, quiero centrarme en la hipocresía no tan visible del otro lado.

Durante más de diez años, Orbán ha estado atacando la democracia liberal en Hungría prácticamente sin una oposición seria que le plantase cara mientras menoscababa y reducía los derechos de migrantes, mujeres y trabajadores. Y de repente, ¿la nueva ley draconiana que criminaliza "el contenido LGTB" en los colegios y, sobre todo, la politización de este asunto en la EURO 2020 es la gota que colma el vaso para la mayoría de los países miembros de la UE? ¿Son los derechos LGTB realmente tan importantes para estos políticos o hay algo más en juego?

Como muchos activistas han señalado y criticado durante años, los derechos LGTB se han convertido en una nueva herramienta de marketing para empresas, políticos y países. Las empresas hacen un lavado rosa y utilizan los colores del arcoíris en sus logos y productos con la esperanza de hacerlos más atractivos para segmentos de población progresistas y jóvenes. Es algo lógico, porque para muchos productos en muchos países los beneficios de remarcar estos valores pueden ser significativos y los costes son bajos.

No obstante, los beneficios reales para los derechos LGTB son también bajos. Pongamos como ejemplo a BMW, que adoptó los colores del arcoíris antes del partido entre Alemania y Hungría, pero también invirtió más de 1000 millones de dólares en una nueva fábrica de automóviles en Hungría hace unos años. Si de verdad quieren hacer avanzar la situación de las personas LGTBIQ en Hungría, pueden conservar su logo azul y blanco y amenazar con cerrar su fábrica de Debrecen si Orbán no anula su última ley.

En política, el pinkwashing es el uso de los derechos LGTB para atacar a un oponente político y patrocinar las propias creencias modernas o tolerantes. Se ha convertido en un aspecto tan importante de los grupos de ultraderecha del norte de Europa que tenemos un término académico para este fenómeno: el homonacionalismo. Algunos grupos de ultraderecha utilizan los derechos LGTB para tildar al islam y a los musulmanes de "retrógrados" e "intolerantes", mientras que al mismo tiempo defienden su estatus "moderno" y "tolerante" (los gobiernos israelíes llevan haciendo esto durante años). Con todo, ni la (extrema) derecha europea ni la israelí se dan cuenta en gran parte de la violenta homofobia que existe en sus propias sociedades.

Lo que está ocurriendo ahora en Europa me parece homoizquierdismo, es decir, el uso de los derechos LGTB para atacar expresamente a Hungría y reafirmar implícitamente la propia tolerancia. Dicho de otro modo, tiene más que ver con los propios políticos y gobiernos que con Hungría. Aun peor, apenas se trata del colectivo LGTBIQ y sus derechos, ni en Hungría ni en el país propio. Por ejemplo, el primer ministro neerlandés Mark Rutte, que se presenta a sí mismo como el ejemplar defensor de los derechos LGTB, ha estado gobernando con un partido "ligeramente" homófobo (CU) y ha sido decisivo para la incorporación y normalización del partido homófobo extremo (SGP). De igual manera, algunos de los 17 Estados miembros que pidieron a la UE luchar contra la "discriminación anti-LGTB" no reconocen legalmente los matrimonios homosexuales (como Chipre o Italia), o cualquier forma de unión civil (como Letonia), ¡que incluso está aceptada en Hungría! 

Si realmente les importa (y nos importa) el colectivo LGTBIQ+ y sus derechos, deberíamos dejar de aplaudir el pinkwashing y el homoizquierdismo y responsabilizar a nuestras empresas y políticos por lo que hacen en lugar de por lo que dicen. Y aún más importante, deberíamos hacer que el Orgullo y la bandera arcoíris vuelvan a estar relacionados con celebrar y proteger nuestro colectivo LGTBIQ (en casa y en el extranjero), en lugar de usarlos como una estrategia para atacar al enemigo político y presumir burdamente de nuestro propio historial imperfecto. 


🎙 Echa un vistazo a Radikaal, el podcast de Cas Mudde (en inglés). En el último episodio, Léonie de Jonge, profesora adjunta de Sociedad y Política europeas en la Universidad de Groningen y autora de The Success and Failure of Right wing Populist Parties in the Benelux Countries [Éxito y fracaso de los partidos populistas de derechas en los países del Benelux], habla de los partidos populistas de derechas en Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos, de lo que explica sus diferentes niveles de éxito y del papel que desempeñan y deberían desempeñar los medios de comunicación cuando cubren la ultraderecha.

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