Mantener la paz: una tarea nada fácil

Diplomáticos, soldados, policías: de los Balcanes a Afganistán, la UE despliega misiones para mantener la paz, a veces demasiado ambiciosas. Pero, según señalan dos expertos en un informe, por la falta de organización o de implicación de los Estados miembros, los resultados rara vez están a la altura.

Publicado en 21 octubre 2009 a las 15:30
 | Un oficial del EUPOL en la provincia afgana de Uruzgan. ©EUPOL

La UE se enorgullece de su «poder civil». Cuando es necesario, Bruselas puede enviar a cualquier foco de crisis en el mundo 10.000 policías y sacar partido de los conocimientos, la experiencia y los contactos de más de 40.000 diplomáticos. Además, sus emisarios pueden aprovecharse del mayor presupuesto en el mundo asignado al desarrollo. Lo único es que todo esto es bastante ilusorio, confirman Daniel Korski y Richard Gowan, autores de un análisis publicado por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

«No existen misiones modelo de mantenimiento de paz. Ni la ONU ni Estados Unidos pueden valerse de ellas. Sin embargo, esto no significa que no se pueda aprender nada de las misiones en ciertos ámbitos. Tomemos como ejemplo la eficacia de los diplomáticos americanos, o la logística de las misiones de la ONU, que es perfecta», asegura Daniel Korski, uno de los autores del informe y que ha participado en misiones internacionales de mantenimiento de paz, en especial en los Balcanes y Afganistán. El problema más grave de Bruselas es la falta de personal debidamente cualificado para intervenir con eficacia. Tras varios años de funcionamiento, incluso una de las misiones europeas más importantes, que es la misión de policía de la UE en Afganistán, la gestionan alrededor de 150 agentes, en contraposición a los 400 previstos inicialmente, destaca Daniel Korski.

Modelos de acción exportados sin reflexión

No obstante, los autores del informe señalan que incluso una gran presencia de formadores y funcionarios europeos no garantiza el éxito de una misión. Por ello, en los Balcanes, donde la policía enviada por la Unión Europea intenta en vano desde hace un decenio imponer el orden y el respeto por la ley, sigue haciendo frente a organizaciones criminales internacionales, que tratan esta región como «un terreno de acción sin límites».

Y lo peor es que tanto los modelos de acción ineficaces como las soluciones en las condiciones específicas de los Balcanes se exportan y se aplican sin pensar en países geográficamente y culturalmente dispares. Por este motivo en concreto es por lo que, aunque la política europea de seguridad y defensa ya tenga diez años, se considera que las misiones europeas son «nimias, sin ambiciones y estratégicamente insignificantes».

Los Estados miembro, culpables

Esta situación no es sólo resultado de la negligencia o de la indiferencia de Bruselas. Los Estados miembros también tienen motivos para avergonzarse. Los autores del informe han dividido a los países de la UE en cuatro grupos: los «profesionales», los «buscadores», los «agnósticos» y los «neutros». Polonia se encuentra en el tercer grupo, el de los países que parecen poco convencidos del valor de las misiones civiles.

Korski y Gowan señalan sin compasión las debilidades de Varsovia: el personal que interviene es exclusivamente policial (debido a las carencias de la ley polaca, que prohíbe el envío a misiones de personal civil) y también existen problemas de planificación, de coordinación y cooperación entre los diferentes ministerios. A pesar de todo, Polonia ha cumplido el 44% de sus compromisos. Un resultado excelente si se compara con los de España o del Reino Unido, donde el personal de las misiones está muy bien formado: de hecho, consideran a los británicos los «profesionales» en este ámbito.

AYUDA HUMANITARIA

El nuevo cuerpo diplomático de la UE necesita supervisión

Una de las consecuencias de la ratificación del Tratado de Lisboa es la creación inminente de un nuevo cuerpo diplomático de la UE, el Servicio Europeo de Acción Exterior. David Cronin en The Guardianexpone que este nuevo cuerpo compuesto por una red internacional de 5.000 funcionarios que debe rendir cuentas al nuevo Alto Representante “debería supervisarse de cerca”. El motivo de las reserva de Cronin es que, puesto que el servicio se hará cargo de la política exterior y de seguridad de la UE, también podrá gestionar la ayuda al comercio y al desarrollo internacional.

“Esto conlleva un gran riesgo: la ayuda, que debe utilizarse únicamente para un fin, que es luchar contra la pobreza, se puede convertir en un medio para llevar a cabo un plan más estratégico basado en los propios intereses de Europa”. Esta política, expone Cronin, ya ha influido en las asignaciones de años recientes. “Los funcionarios de la UE, ansiosos por participar en la guerra contra el terrorismo de George Bush, han intentado utilizar parte de la ayuda al desarrollo destinada a Filipinas, Colombia, Indonesia, Pakistán y Malasia para proyectos de seguridad”. La ayuda también se relaciona con países que acuerdan poner freno al flujo de inmigrantes hacia Europa. “Las operaciones de seguridad son necesarias a veces”, concluye, “pero deben financiarse con otros presupuestos, no con los reservados a erradicar la pobreza”.

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