¿Nos espera un otoño caliente?

Muchos países europeos no tienen el menor deseo de pagar la factura de la crisis bancaria y salen a la calle para manifestar su descontento. Sin embargo, habrá que esperar al final del verano para saber si es una cuestión que deba preocupar a los gobiernos.

Publicado en 2 julio 2010 a las 15:51

A primera vista, el huelguista griego, el francés y el italiano no tienen nada en común. Uno está inquieto por su capacidad adquisitiva, el otro quiere conservar el derecho a dejar de trabajar a los sesenta años y el tercero teme por su empleo. Sin embargo, los manifestantes de los diferentes países tienen una cosa en común: sienten que están pagando la factura de la crisis de los bancos.

Los países europeos rivalizan en el anuncio de planes de austeridad. En varios de ellos éstos consisten en una congelación de los salarios, un aumento de la edad de jubilación, un recorte de las prestaciones sociales y un aligeramiento de los procedimientos de despido. Hay muchas huelgas, pero de momento obtienen escasos resultados. “Simplemente es demasiado temprano para las acciones duras”, explica Ton Wilthagen, especialista en el mercado laboral de la Universidad de Tilburg. A excepción de Grecia y España, no se sabe aún cuáles van a ser las consecuencias de la crisis presupuestaria para los asalariados. “No sería demasiado inteligente hacer una huelga por adelantado.”

Las huelgas son moderadas para no abrir la puerta a los partidos de derechas

“Además, en países como España, Portugal y Grecia, el miedo a una quiebra nacional juega un papel importante. Este hecho es el que explica la escasa inclinación de los trabajadores a emprender acciones contra las medidas del gobierno”, explica Anton Hemerijck, profesor de análisis de políticas institucionales en la Universidad Libre de Amsterdam. A ello se añade el hecho de que tanto en Grecia como en España hay gobiernos de izquierdas. “Los trabajadores no quieren aumentar el riesgo de un regreso al poder de los partidos de derechas en las próximas elecciones”. ¿Es posible que cambien de actitud? “En un acceso de pánico, la Europa del norte podría adoptar una política de austeridad tal que hiciera desaparecer toda perspectiva de crecimiento. Los países meridionales dependen del norte para su recuperación económica. De ser éste el escenario, estaríamos en la calma previa a la tormenta”. La holandesa Catelene Passchier, miembro de la dirección de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), no comparte esta opinión. Considera que el europeo medio no aceptará las medidas planteadas. “El europeo tiene la impresión de que está pagando por los bancos”. Si los gobiernos siguen ignorando esta impresión, prevé “un otoño aún más caliente”.

Romke van der Veen, profesor de sociología de la Universidad de Rotterdam, reconoce en cambio la influencia de Bruselas en la actitud moderada de los sindicatos de la Europa del Sur. “Hace ya diez años que la Unión Europea trabaja para adaptar mejor sus políticas a los agentes sociales. Durante mucho tiempo, en el sur de Europa existía la costumbre de hacer la huelga primero y luego concertarse. “Los países meridionales están lejos aún de tener una política de concertación comparable a la de Holanda. Basta con contemplar las sangrientas manifestaciones que tuvieron lugar en Grecia a principios de mayo.

Un asalariado español sufre las medidas de Madrid, no las de Atenas

Según Passchier, “los sindicatos europeos deben colaborar entre sí, hacer frente común y ser solidarios”. También considera que es preciso insistir a nivel europeo en una suavización de las condiciones del crédito a Grecia. “El ahorro se hace en detrimento de los derechos sociales adquiridos y de las posibilidades de recuperación económica. No hay que olvidar que no hace tanto tiempo que este país es una democracia. A todos nos interesa que esta democracia sobreviva” a la crisis. ¿Pero cómo convencer a las bases? Un asalariado español sufre las medidas de austeridad de Madrid, no las de Atenas. “En último término, la mayoría de los sindicatos optan por los intereses de su propia base”, explica el experto en huelgas Sjaak van der Velden.

Los sindicatos han anunciado una jornada de movilización europea para el 29 de septiembre. No se sabe aún en qué consistirá. “El verano es un mal momento para las huelgas,” dice Van der Velden. “La calma actual no tiene pues valor de pronóstico. “Anton Hemerijck considera que en teoría los sindicatos pueden paralizar Europa, pero estima que el riesgo de que eso ocurra no es muy elevado. “No será nunca nada tan violento como en los años 80, cuando los mineros británicos se enfrentaron a Thatcher. En aquella época, el movimiento sindical era todavía un auténtico movimiento de clase”. A pesar de todo, Hemerijck pone a los políticos en guardia: “Si los sindicatos de funcionarios y de la industria actúan de forma realmente concertada, pueden llegar a provocar un caos importante. En teoría, no es inconcebible que algunos países del sur de Europa y el euro se vayan al traste".

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