Vistas de la ciudad de Oberhausen.

Oberhausen, la “Grecia del Ruhr”

Esta ciudad de Ruhr, situada en lo que fuera el núcleo del milagro económico alemán, hoy se encuentra en plena decadencia y es la más endeudada de Alemania. Entre las principales causas de esta situación se encuentran las severas políticas de austeridad y el coste de la solidaridad hacia la antigua RDA. Una contribución que, a escasas semanas de las elecciones regionales, se pone en tela de juicio.

Publicado en 3 abril 2012 a las 14:20
Postkartenderwelt  | Vistas de la ciudad de Oberhausen.

Realmente no se aprecia la pobreza en el lujoso centro comercial Centro, en la periferia de Oberhausen. Pero si creemos a Gabriele Daume, una elegante clienta que lleva un collar de perlas, todo el dinero se va al Este, a la antigua RDA, mientras el Oeste se empobrece.

Según comenta, el Centro de Oberhausen es un intento de ocultar la miseria. Oberhausen ha cerrado cinco piscinas de las siete que disponía, se ha suprimido la sala de conciertos, al igual que el servicio de bibliobús, además, los empleos desaparecen y los jóvenes se marchan. “Y ocurre lo mismo en todo el Oeste”.

El nuevo Este, pobre y necesitado

De repente, vuelve a estar de actualidad un tema: la separación entre la Alemania del Este y la Alemania del Oeste. Pero esta vez, la situación ha dado un giro de 180 grados. Si se plantea la cuestión aquí, en Oberhausen, 22 años después de la caída del Muro, se escucha un mensaje inesperado: la Cuenca del Ruhr, la zona que fuera el corazón del milagro económico de Alemania del Oeste, se ha convertido en el nuevo Este, pobre y necesitado.

Puesto que estamos en plena campaña electoral en Renania del Norte–Westfalia, la clase política ha contribuido también a esta manifestación de ira. Cuatro alcaldes social-demócratas del Ruhr han abogado por la eliminación del “Solidarpakt II”, el pacto de solidaridad ideado hace veinte años por el Gobierno para que los alemanes del Oeste aportaran una contribución para ayudar a sus hermanos del Este tras la caída del Muro. Este pacto se prolongó hasta 2019.

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Parece que los alcaldes han tocado un tema sensible. Incluso Joachim Gauck, el nuevo presidente y primer alemán del Este que ocupa la función de mayor rango del Estado, muestra su comprensión ante el enfado del Oeste.

El Ruhr siempre ha contado con regiones prósperas, pero en ciudades como Duisburgo y Dortmund hay lugares que se parecen, según Gauck, “a la RDA tras la caída del Muro”. Hay calles repletas de hoyos y casas decrépitas.

"¿Qué tengo que ver yo con lo que hicieron mis ancestros?"

Oberhausen, apodada la “Grecia de Alemania”, es la ciudad más endeudada del país. Con una deuda de cerca de 2.000 millones de euros repartida en una población de 211.000 habitantes, equivale a 8.000 euros por persona. En la ciudad han impuesto una política de austeridad severa. Con un desempleo del 12%, el paro corresponde aquí a la media de los Länder (regiones) de la antigua Alemania del Este. Además, la ciudad ha aportado una contribución al Este de 270 millones de euros y para pagar esta cantidad ha tenido incluso que endeudarse.

Gabriele Daum y su amiga saben cómo se ha llegado a esta situación. La Cuenca del Ruhr siempre ha tenido dificultades por el cierre progresivo, desde la década de los ochenta, de las numerosas minas de carbón y de acero. La región no supo orientarse hacia una nueva economía moderna.

La antigua ciudad de mineros intenta recuperarse con proyectos costosos. A las afueras del centro, se construye con tensón: el Centro, un edificio industrial transformado en centro comercial de lujo; un casino recubierto de oro; el Sea Life Center, donde el pulpo Paul hacía sus predicciones durante el Mundial de fútbol de 2010.

En el centro de la ciudad es donde se ve la cruda realidad, con los numerosos barrios obreros, vetustos y deteriorados. En ellos, el índice de paro es importante: los establecimientos cierran unos tras otros y se suprimen miles de empleos en los servicios públicos.

Christian Barth, de 26 años y natural de Oberhausen, es uno de los últimos representantes de la larga tradición del Ruhr. Es minero en una mina de sal y calcula que paga “entre 25 y 50 euros al mes” de contribución al Este. Y quiere dejar de hacerlo. Porque, según sus propias palabras, este dinero se despilfarra en proyectos de lujo y “si aquí nos va mal, no nos ayudan ¿verdad?”. No se siente vinculado al Este: “¿qué tengo que ver yo con lo que hicieron mis ancestros?”

Redefiniendo la solidaridad

El único lugar donde se oye hablar de “solidaridad recíproca” es en un contenedor en el centro de la ciudad. El grupo artístico Geheimagentur ha montado un proyecto idealista para encontrar soluciones a los problemas de la pobreza de la ciudad.

Distribuyen Kohlefüralle (dinero para todos): una moneda ficticia con la que los ciudadanos pueden realizar compras en unos cuarenta establecimientos a cambio de una idea “solidaria”. Para los artistas, el enfado del Oeste hacia el Este es una expresión de “envidia”, avivada por las luchas electorales.

Para Hannelore, de 72 años, que acaba de apuntarse al proyecto “Kohle für alle”, el pacto de solidaridad “ya no debe funcionar únicamente en el sentido Oeste-Este”. Porque está segura de una cosa: “Ahora las necesidades están aquí. Aquí tenemos baches en la calzada y allí tienen calles nuevas ¿no?”.

Efectivamente, en algunas ciudades de Alemania del Este, las infraestructuras se han restaurado con cientos de miles de millones de los “fondos del Oeste”. Ahora, Dresde tiene un aspecto mejor que Duisburgo. Jena registra un desempleo del 7,3%, mucho menor que en la Cuenca del Ruhr. Pero en cuestión de potencia económica, el Este aún se encuentra muy por detrás del Oeste: prueba de ello es el índice de desempleo del 12% en el Este, comparado con el 7% a nivel nacional.

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