Un plan de rescate que acabará con nosotros

La UE y el FMI acordaron conceder 10.000 millones de euros para reflotar los bancos chipriotas, pero el precio para proporcionar esos fondos de rescate es que todos los depósitos paguen una tasa. Esta condición ha sorprendido al pequeño país mediterráneo, desde el que el Cyprus Mail acusa al nuevo presidente y a otros Estados miembros de traicionar a la isla.

Publicado en 18 marzo 2013 a las 12:39

A pesar de que la quita de los depósitos bancarios estaba en la agenda de la UE desde hace más de un mes, incluso en memorandos de la Comisión y en boca de políticos europeos, y la mayoría de ellos se oponía a descartarlo, poca gente pensó que el Eurogrupo se atrevería a llevarlo a cabo. La idea que imperaba es que se trataba de una amenaza hipotética, para obligar a Chipre a privatizar los organismos semipúblicos y a subir el impuesto de sociedades.
Y, al fin y al cabo, el presidente Nicos Anastasiades manifestó con mucho énfasis en su toma de posesión que “no toleraría ninguna referencia a la quita de deuda pública o de depósitos”, y añadió que “ese tema ni siquiera se sometería a debate”. El ministro de Finanzas, Michalis Sarris, realizó unas declaraciones similares para tranquilizar a la población, y esgrimió como argumento que sería una locura que la UE impusiese esa medida porque amenazaría al sistema del euro en su conjunto.

Por obligación

Alemania y los líderes del Eurogrupo se decantaron por esa locura, pues consideran que Chipre es demasiado pequeño e intrascendente como para que llevar a cabo una quita sobre sus depósitos bancarios desencadene un efecto de contagio en la eurozona [una tasa del 6,75% para los depósitos inferiores a 100.000 euros, y 9,9% para los que superen dicho límite].
Por supuesto, los mercados pueden tener otro punto de vista al respecto, quizá no cuando abran el lunes, pero sí unas semanas después, cuando sea palpable que ni siquiera los depósitos de los bancos europeos están a salvo de las redadas del Eurogrupo.
Resulta obvio por las declaraciones que se han realizado que a Anastasiades se le ha chantajeado para que acepte la eufemísticamente llamada “contribución de solidaridad”. Si no lo hacía, el Banco Central Europeo no proporcionaría la provisión del mecanismo de asistencia de liquidez [Emergency Liquidity Assistance, conocida como ELA] a los bancos chipriotas fijada para el 21 de marzo (una fecha límite que había sido ampliada dos meses más en enero) y los bancos se hubiesen hundido ese mismo día y la gente hubiese perdido mucho más que entre el 7 y el 10% de sus depósitos, que es lo que se les confiscará ahora.

Destruir en lugar de salvar

¿Tenía Anastasiades alguna alternativa? Resulta complicado contestar a esta pregunta, por la presión que había para alcanzar un acuerdo el pasado viernes. Todos los indicios apuntan a que los socios de la UE habían tomado la decisión antes de ese día y por eso se convocó la reunión del Eurogrupo para abordar el rescate el viernes por la tarde. Los bancos chipriotas permanecerán cerrados tres días [el lunes 18 de marzo es fiesta nacional] en los que se podrán desarrollar los pasos necesarios para confiscar los depósitos, y los bancos podrán abrir con normalidad el martes.
Un diputado se planteaba el sábado [16 de marzo] si no hubiese sido mejor permitir que se hundiesen los dos bancos que necesitaban asistencia de liquidez del BCE en lugar de aceptar la quita. Pero el problema no se vería acotado únicamente a esos dos bancos, puesto que existe una gran interdependencia entre las entidades y el pánico bancario se extendería a todos. Ése es el principal argumento al que recurrirá Anastasiades cuando explique por qué aceptó la quita de los depósitos. La alternativa hubiese sido que se hundiesen los bancos, la bancarrota del Estado y la salida del euro.
Bajo estas circunstancias, el presidente optó por el mal menor, a pesar de que dudamos que nadie se lo reconozca. De hecho, la UE ofreció un ‘paquete de rescate’ que está diseñado para destruir más que para rescatar lo que queda de la economía chipriota.

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