Análisis Cas Mudde: ¿qué nos traerá el 2022?

¿Un punto de inflexión para el iliberalismo en Europa?

Mientras que con respecto a la pandemia se puede esperar prácticamente más de lo mismo que ha traído el 2021, la próxima ronda de elecciones podría hacer de Polonia el último país de la UE dirigido por populistas de derecha, declara el experto Cas Mudde.

Publicado en 29 diciembre 2021 a las 09:17

Aunque el 2021 haya empezado con la promesa de la vacuna y las esperanzas del fin de la pandemia, terminó con otra variante más y las preocupaciones crecientes de que la covid-19 dure de por vida. Por lo mismo, el año estuvo dominado nuevamente por la pandemia y el virus, tanto en los medios de comunicación como en la política. Y lo más probable es que lo mismo suceda el próximo año. En retrospectiva del 2021, identifico al menos cuatro desarrollos políticos claves que seguirán afectando las políticas europeas en 2022.

1. Ninguna tendencia electoral clara

En los últimos años se han publicado numerosos artículos sobre “el final del populismo” y “el regreso de la izquierda”. Muchos de estos se han destacado por la usual selectividad de “evidencia”, enfatizando algunos resultados e ignorando otros. Si nos centramos en las cuatro elecciones legislativas clave de la UE – Bulgaria, República Checa, Alemania, y Países Bajos – observaremos resultados muy diferentes. La izquierda solo es la verdadera ganadora en Alemania, mientras que en los Países Bajos se mantiene estable, sufre una gran derrota en Bulgaria (durante tres elecciones), y se ha descartado por completo en la República Checa. 

De manera similar, la “derecha convencional” (signifique lo que signifique en el siglo XXI) vivió una aplastante derrota en Alemania, pero fue la gran ganadora en Bulgaria y en la República Checa. Asimismo, el populismo (de derecha) ha perdido hasta cierto punto en tres países, en comparación con su año cumbre en 2017 (en la víspera de la denominada “crisis de refugiados”), pero gana en los Países Bajos. Dicho esto, todos estos países menos los Países Bajos tuvieron nuevos gobiernos de coalición y primeros ministros de grupos políticos diferentes en Bruselas.

En 2022 habrá siete elecciones legislativas en los Estados miembros de la UE, así como algunas elecciones presidenciales relevantes, en particular las de Francia. Tras analizar las encuestas, el panorama sigue siendo confuso y no presenta tendencias evidentes, excepto, quizá, una fragmentación constante. En realidad, en el último año, el apoyo a los partidos clave ha presentado una estabilidad extraordinaria en la mayoría de los países. Y aunque vaya a haber algunos gobiernos nuevos, nada indica que estos vayan a ser predominantemente de izquierda, de derecha, convencionales o populistas. 


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2. Polarización en las medidas de covid-19

Mientras que en Europa las mayorías apoyan las medidas gubernamentales clave de covid-19, desde los confinamientos hasta la vacunación, la minoría que se opone a ellas se está radicalizando. En países en los que la extrema derecha no se encuentra al poder, estas se han convertido en la voz fundamental de los disidentes, que continúan siendo un grupo bastante diverso, unido, según parece, por su desconfianza hacia el gobierno. Si bien muchos partidos de extrema derecha fueron de los primeros en exigir medidas represivas a principios de 2020, la mayoría han terminado minimizando la amenaza, y a veces han llegado a negar la existencia del virus. Conforme las medidas represivas continúan existiendo, e incluso se intensifican, las protestas aumentan y se tornan más comunes. Los activistas y grupos de extrema derecha poseen una gran visibilidad en estas manifestaciones, pero no han podido capturarlas como lo hicieron en las protestas contra los refugiados en 2015-2016.

Debido a la atención desproporcionada que los medios de comunicación y la política han brindado a la minoría bulliciosa, la pandemia ha sido el tema central de las campañas populistas de extrema derecha. No obstante, debido al amplio consenso respecto al fortalecimiento de las políticas fronterizas, y como se oponen a la represión del Estado, no pueden realmente movilizarse sobre la base de sus otras dos características ideológicas clave: el nativismo y el autoritarismo. Esto significa que, como es probable que el 2022 traiga más “fatiga por la covid” y frustración hacia las políticas gubernamentales ineficaces, la extrema derecha seguirá intentando monopolizar la posición “antivacunas”, pero no podrá concentrar un apoyo mayor alrededor de su posición más popular de antiinmigración.

3. La covid-19 no es el Gran Disruptor

El año pasado surgieron numerosos artículos sensacionalistas que ilustraban la covid-19 como “el Gran Disruptor”, que cambiaría el “orden mundial” o incluso “el mundo” para siempre. Sin embargo, después de casi dos años de pandemia, el denominado “Mundo 2.0” se asemeja mucho al “Mundo 1.0”, por lo menos en términos políticos. No solo hemos visto pocas alianzas o partidos políticos nuevos y relevantes, sino que la mayoría de los gobiernos yacen bajo el dominio de partidos que existían antes de la pandemia y de todas las “crisis” del siglo XXI. Pese a que se ha hablado más sobre el papel del Estado, no hay ningún “Gran Reinicio”. Con esto no pretendo rechazar la posibilidad teórica de un “nuevo y valiente mundo pospandémico”, pero, por el momento, esto sigue siendo una mera especulación con poca evidencia de los cambios fundamentales en las actitudes, las políticas o la votación. 


La pregunta principal para el corto y mediano plazo es si habrá consecuencias económicas significativas con respecto a la pandemia y, lo que es más importante, cómo los gobiernos nacionales y la UE responderán a estas


A decir verdad, parece haber un grupo creciente de personas que han pasado la página en lo que respecta a la pandemia o que están desesperadas por hacerlo, lo que menoscabará todavía más la efectividad de las políticas gubernamentales. La pregunta principal para el corto y mediano plazo es si habrá consecuencias económicas significativas con respecto a la pandemia y, lo que es más importante, cómo los gobiernos nacionales y la UE responderán a estas. Hasta ahora, pocos políticos han solicitado medidas de austeridad, pero esto podría cambiar en un futuro cercano. De todas formas, puesto que incluso la Gran Recesión tuvo efectos mínimos en la política europea, más que todo un impulso temporal para los partidos populistas y un debilitamiento más estructural de la centroizquierda, es poco probable que las consecuencias económicas de la pandemia vayan a transformar al continente de manera fundamental.

4. La UE: desde el Brexit hasta el iliberalismo

Desde el 2016, la UE se ha preocupado principalmente por el Brexit. Si bien esto parecía haber llegado a un fin con el Acuerdo de Comercio y Cooperación entre la Unión Europea y el Reino Unido de diciembre de 2020, las recientes amenazas del gobierno británico con respecto a las provisiones de Irlanda del Norte han reincorporado al Brexit en la agenda política. Aun así, parece que ahora la UE se ha dado cuenta de que la verdadera amenaza existencial no viene del oeste, sino del este. Los ataques a la democracia liberal en Hungría y Polonia finalmente han creado acciones europeas, desde la expulsión de facto del Fidesz, el partido de Viktor Orbán, del Partido Popular Europeo (EPP) – técnicamente, Orbán retiró su partido del EPP en marzo – hasta la más reciente retención de decenas de miles de millones en fondos de Hungría y Polonia. Asimismo, los nuevos gobiernos de tanto Alemania como de los Países Bajos han incluido una referencia explícita a la importancia del estado de derecho dentro de los Estados miembros de la UE en sus programas de coalición.

Pese a que los partidos iliberales no hayan perdido mucho terreno en 2021, dos políticos iliberales importantes abandonaron la escena. En la República Checa, Andrej Babiš, cada vez más asediado y por ende en proceso de radicalización, perdió las elecciones y su cargo de primer ministro. En su país vecino, Austria, el antiguo Wunderkind Sebastian Kurz renunció a su cancillería y luego anunció su abandono total de la política, ahora que las investigaciones sobre sus prácticas corruptas e iliberales cobraron impulso. Y la lista podría alargarse en 2022. El próximo año, habrá tres elecciones cruciales a este respecto en Francia, Hungría y Eslovenia. 

La mayoría de la atención se centrará de nuevo en Francia. El escenario más probable sería otra segunda ronda entre el presidente saliente Emmanuel Macron y la líder de la derecha radical Marine Le Pen, con el anterior como ganador, pero con un margen significativamente menor entre ambos en comparación con 2017. No obstante, el ascenso del nuevo candidato de extrema derecha Eric Zemmour ha debilitado considerablemente el apoyo para Le Pen en la primera ronda, mientras que la reciente oleada en las elecciones de la líder de Les Républicains (centroderecha), Valérie Pécresse, podría incluso excluir a Le Pen de la segunda ronda.

Y en los casos en los que es poco probable que el 2022 lleve a un nuevo populista de derecha al poder, sin contar las elecciones anticipadas en Italia, dos líderes iliberales en funciones están enfrentando retos electorales significativos. La versión miniatura de Orbán en Eslovenia, Janez Janša, podría tener el mismo destino que Babiš, siendo expulsado por una coalición amplia pero determinada. Y en Hungría, el líder iliberal de Europa está haciendo frente a una oposición finalmente unida y considerablemente movilizada que podría ganar dependiendo de cuán “poco libres e injustas” sean (se permita que sean) las elecciones.

Si estos dos líderes iliberales fuesen expulsados, el gobierno del partido Ley y Justicia de Polonia sería el último gobierno iliberal de la UE en mantenerse en pie. Esto significa que ya no tendrían a nadie que los proteja con un veto en el Consejo Europeo. Con el Gran Pacificador fuera de cargo en Berlín, y un eje francoalemán abiertamente hostil hacia el iliberalismo, el 2022 podría convertirse en un punto de inflexión para el iliberalismo en Europa.  


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