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En Moldavia “el sentimiento predominante es miedo”

Con respecto a su población, la República de Moldavia ha acogido al mayor número de refugiados ucranianos. Desde la guerra, existe el temor de que vuelva a estallar el conflicto de Transnistria. También resurgen los recuerdos de la hambruna y las deportaciones de la era soviética, como cuenta la escritora moldava Emanuela Iurkin.

Publicado en 28 julio 2022 a las 10:06
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En la primera mañana de la guerra, todo era horror, incredulidad e indignación. No había más palabras para describir la situación. Era como si un misil hubiera impactado en mi idioma y astillara hasta la última palabra. El panorama era desalentador, pero lo que sucedió el 24 de febrero fue peor. Cuando finalmente abrí la boca para hablar, fue para maldecir. Poco después, las palabras malsonantes dieron paso a oraciones en silencio.

Dudo que los defensores más fervientes de la Federación Rusa en Chisináu se esperaran lo que sucedió. Celebraron el Día del ejército soviético la tarde del 23 y luego la guerra el 24, con vodka y proclamando za pobedu[1]. Otros parecían abatidos, tristes y preocupados. Nuestra población es ilusa. Vemos las cosas de forma distinta, nuestras promesas son inexactas y firmes y nuestra ira es hirviente. La pobreza arraigada solo hace que la situación empeore.

La mayoría de refugiados pasaron por Moldavia hacia otros destinos, pero algunos se quedaron. Calculado como porcentaje de nuestra población, hemos acogido a más refugiados que cualquiera de los países de alrededor. Los precios se dispararon, en parte gracias a los especuladores locales, pero también se agudizó el miedo. Los moldavos se paralizaron por miedo y surgió el impulso histórico de huir para salvar nuestras vidas, hacia Iași y más allá.

El 26 de febrero, me animó ver cómo los ciudadanos de a pie se organizaban y comenzaban a recoger artículos de primera necesidad para los refugiados recién llegados, pero el miedo seguía acechando. Quería recoger mis propias cosas, en caso de que tuviera que huir. No estaba orgullosa de mí misma, pero preparé una bolsa con lo esencial para huir antes de llevar los artículos que doné al centro de refugiados. De camino a casa, las noticias confirmaban los trenes diarios a Iași. Le dije a mi madre que esperaríamos un par de días más. No conocíamos a nadie en Iași, pero, si las cosas empeoraban, cogeríamos un tren el lunes.

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Deshice esa bolsa con lo esencial el 9 de mayo. Desde entonces y hasta ahora, he leído la lista de armas que necesitan los ucranianos, publicada en Twitter por el consejero presidencial Mihailo Podoleac. He leído sobre el bombardeo estratégico de Rusia, las ciudades arrasadas, casi anexionadas. Puede que haya desecho la bolsa demasiado pronto.

El miedo era y a día de hoy s…

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