investigation Noticias Investigación sobre las finanzas verdes | Primera parte

Cuando las finanzas verdes made in Europe recompensan la deforestación en Indonesia: el caso Michelin

Las finanzas verdes, diseñadas para apoyar proyectos de desarrollo sostenible, no siempre son tan verdes como sus actores intentan hacerlo creer. En ocasiones, un proyecto certificado como “ecológico” puede haber contribuido a destruir la selva tropical y engañar así a sus inversionistas ecorresponsables. Tras una investigación a largo plazo, Voxeurop saca a la luz una amplia operación de greenwashing llevada a cabo en Indonesia por Michelin, el número uno mundial en neumáticos.

Publicado en 9 noviembre 2022 a las 15:25
Este artículo es sólo para miembros de Voxeurop

Introducción

La fiebre del oro verde

En la lucha contra el calentamiento global y sus consecuencias, las finanzas verdes y sostenibles parecen ser una maravillosa palanca. Invertir en proyectos respetuosos del medioambiente más que en energías fósiles se presenta como una oportunidad que responde a las demandas cada vez más urgentes de la opinión pública y de ciertos inversionistas.

Por ende, no es de extrañar que un número creciente de empresas esté recurriendo a ellas para desarrollar su actividad, con una verdadera iniciativa ética y ecológica y/o con el cuidado de enarbolarla en sus comunicaciones.

Las finanzas verdes, desarrolladas en la década de 2010 y oficializadas mediante la aprobación del Acuerdo de París sobre el cambio climático en 2015 (la fecha es importante, y pronto retomaremos este punto), reúnen un gran número de herramientas, instrumentos y actores, con la ayuda de numerosos acrónimos y mecanismos más o menos claros, o poco claros, según sea el caso.


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Si bien nos dedicamos a procurar que la información presentada a continuación fuera accesible y comprensible, el tema no deja de ser difícil. La buena noticia es que cuando usted termine de leer esta historia, sus perspectivas sobre las finanzas verdes posiblemente estarán tan despejadas como un bosque primario pasado por los dientes de una motosierra.

Hablemos de Michelin. Entre las empresas europeas que se jactan de haber establecido una política “sostenible”, el gigante de los neumáticos pone de relieve su compromiso para una “gestión responsable y sostenible del sector del cultivo del caucho […] su objetivo ‘cero deforestación’ y su compromiso para la protección de la biodiversidad”. De esta manera, el grupo puede afirmar a sus accionarios y a sus clientes que sus neumáticos de caucho natural son más compatibles con el medioambiente que los de la competencia.

Flor y nata de esta política ambiental sobre el caucho natural sostenible, el proyecto Royal Lestari Utama (RLU) en Indonesia – una empresa conjunta entre Michelin y su socio local Barito Pacific creada en 2015 – se ha presentado mediante numerosos vídeos comerciales como la mayor historia de éxito: plantar árboles de caucho para reforestar las zonas devastadas por la explotación forestal ilegal, crear empleo local y proteger la flora, la fauna, los elefantes, los orangutanes y las crías de tigre. Todo ello con la implicación del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), el patrocinio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que lo presentaron como un modelo de cadena de valor sostenible.

Después de un primer informe alarmante de la ONG medioambiental Mighty Earth en 2020, la investigación llevada a cabo por Voxeurop durante más de un año y medio con nuestros socios de la revista Tempo en Yakarta muestra los límites de esta operación financiada por “bonos verdes” (o green bonds) comercializados por el banco francés BNP Paribas por 95 millones de dólares. Pasando por silenciosas oficinas europeas en el bosque de Indonesia y por las salas de los mercados de Singapur, nuestros periodistas examinaron minuciosamente documentos, informes y correspondencia, y entrevistaron a los actores principales de las empresas involucradas, ONG y comunidades locales. El resultado final está lejos de ser la imagen idílica que se vendió a los inversionistas europeos.

Zona deforestada en la concesión de LAJ en Jambi (Sumatra), en febrero de 2022. | Foto: Tempo 

En junio, la toma de posesión de Michelin del 100 % de la empresa conjunta RLU llevó, dos meses después, al reembolso anticipado de los bonos verdes distribuidos por el BNP Paribas, más de 10 años antes de la fecha prevista. Así que los inversionistas ya no pueden opinar. No obstante, probablemente estarán interesados en conocer el impacto real de la operación que ayudaron a financiar.

Más allá de los actores directamente relacionados con este asunto de Indonesia, y de su impacto en las poblaciones y la biodiversidad locales, nuestra investigación también saca a la luz las problemáticas estructurales de las jóvenes finanzas verdes: los mecanismos de certificación poco claros, los compromisos voluntarios no vinculantes, la carencia de auditorías independientes, el frenesí por proyectos que quisiéramos fueran emblemáticos para una economía finalmente sostenible. 

Asimismo, esta destaca los problemas ocasionados por la ausencia de una normativa más eficaz a nivel europeo para una transición verde que genere un verdadero impacto en la biodiversidad y en la crisis climática, sobre todo cuando las multinacionales europeas operan lejos de nuestras fronteras. La Unión Europea se hizo cargo del asunto y en estos momentos está trabajando en un reglamento sobre los bonos verdes, sin embargo, este apenas entrará en vigencia en 2023, al igual que el de la deforestación importada, que también está en proceso de aprobación.


Capítulo 1

Punto clave: bonos “verdes”

La historia comienza oficialmente el 14 de diciembre de 2014, cuando Michelin adquiere el 49 % de Royal Lestari Utama (RLU), una sociedad agroforestal del conglomerado indonesio Barito Pacific Group. El grupo fue creado y es dirigido por el muy adinerado empresario Prajogo Pangestu, apodado el “rey de la madera” en Indonesia. Según el informe de Mighty Earth citado anteriormente, dicho grupo podría tener serios antecedentes en lo relativo a la deforestación, el acaparamiento de tierras, la explotación forestal ilegal y la evasión fiscal extraterritorial debido a su compleja red de sociedades de explotación de madera, pulpa de celulosa y palmas de aceite.

Michelin se vuelve verde

Aunque la compañía de Bibendum está radicada en Indonesia por lo menos desde 2004, la empresa conjunta con Barito Pacific, formalizada a principios de 2015, se beneficia del apoyo político del gobierno indonesio. Por lo tanto, sostiene ambiciones muy grandes: contribuir de manera sostenible a aproximadamente un 10 % del suministro mundial de caucho natural de Michelin, con la ayuda de las comunidades locales para la producción comercial y la protección del ecosistema. Varios emplazamientos están involucrados, en las provincias de Jambi (isla de Sumatra) y Kalimantan (isla de Borneo).

Paisaje de la provincia de Jambi. | Foto: Cifor 

Con el fin de reforzar la credibilidad de su proyecto de caucho “ecológico”, Michelin decide involucrar al WWF en el proyecto llevado a cabo con Barito Pacific, antes de cooptarlo en la Plataforma Global para el Caucho Natural Sostenible (GPSNR), creada por la misma Michelin en 2018.

“Desde hace tiempo abogamos por la erradicación de la deforestación en Sumatra, haciendo hincapié en la deforestación extensiva cometida por empresas como el grupo Barito Pacific [...], por consiguiente, cuando, a finales de 2014, se presentó la oportunidad [...] de influir en lo que el proyecto Royal Lestari Utama pasaría a ser, consideramos que sería una valiosa oportunidad [...] para pasar al siguiente nivel”, declaró un portavoz anónimo de WWF a Voxeurop. “Nos asociamos con Michelin [...] para transformar el mercado del caucho natural, para reducir la huella ecológica mundial de la empresa y preservar ecosistemas prioritarios”.

Cabe mencionar que, entonces, en todas partes del mundo, Michelin se esfuerza considerablemente por enverdecer sus actividades y su imagen: en materia de responsabilidad social y medioambiental de la empresa, el grupo obtuvo la calificación más alta de todas las empresas auditadas en el marco de la ley francesa sobre el deber de vigilancia. También se comprometió a cumplir un plan de acción a favor de la biodiversidad para 2030 y publicó datos sobre el impacto de su actividad en materia de cambio climático

Es con este espíritu digno de elogio que Michelin impulsa a Barito a volverse verde también. En marzo de 2015, ambas empresas aprueban un acuerdo de no deforestación: la futura expansión de las concesiones de caucho de RLU solo será posible en terrenos abiertos, respetando los hábitats de las especies salvajes.

Captura de pantalla del vídeo promocional de Michelin sobre el proyecto RLU.

Un proyecto falto de financiamiento salvado por los bonos verdes

En el momento de la firma, Michelin busca un aumento de 0,7 a 1,8 toneladas de caucho natural por hectárea en la producción de las concesiones de Barito. El objetivo anual es de aproximadamente 80 000 toneladas por año. Tres cuartos de esta producción están destinados a las fábricas indonesias que proveen a Michelin a través de su filial de suministro, la Société des Matières Premières Tropicales (SMPT); el resto se destina a compradores externos.

Ambos accionarios de RLU apuestan por un plan de negocios de 23 años, hasta 2040. Entre los dos, destinan 100 millones de dólares de fondos propios a las arcas de la empresa conjunta (en la que Michelin habrá depositado un total de 55 millones tras una recapitalización posterior). Este importe es inferior al que se habría necesitado para perpetuar su riesgoso proyecto, ya que la baja de los precios del caucho en 2015 reduce sus previsiones de lucro.

Luc Minguet, antiguo miembro de la junta de Royal Lestari Utama, declaró a Voxeurop que “inicialmente, el plan consistía en financiar el proyecto por medio de bancos. No obstante, pese a que el WWF estaba involucrado en el proyecto, ningún banco tradicional aceptó financiarlo, porque no lo consideraban suficientemente rentable”(1). Alex Wijeratna, director sénior de Mighty Earth, concuerda con esto: “La diligencia debida de los bancos debería haber puesto de manifiesto la deforestación masiva, los informes sobre los conflictos con las comunidades locales y las acusaciones de acaparamiento de tierras durante la fase preliminar del proyecto de RLU en Jambi. Muy posiblemente, estas circunstancias les habrían impedido financiarlo”. Desde su génesis, el proyecto es un fracaso. 

Por suerte para Michelin, en octubre de 2016 se presenta una oportunidad soñada de rescatar la empresa conjunta cuando el banco BNP Paribas cofunda la Tropical Landscapes Finance Facility (TLFF), con el apoyo y la supervisión ambiental del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Aprobada por el gobierno indonesio y situada en la capital, Yakarta, la TLFF es descrita como una plataforma de financiamiento innovadora para proyectos comerciales relacionados con los acuerdos de París sobre el cambio climático (firmados recién en 2015, volvemos al tema) y los objetivos de desarrollo sostenible.

La página web del TLFF dedicada al proyecto del Royal Lestari Utama.

“A menos que se persuada al sector privado – con perspectivas de lucro – para que considere la producción de una manera diferente, nada cambiará”, declaró a Voxeurop una fuente que deseó permanecer anónima y que trabaja para Asia Debt Management (ADM Capital), una empresa de inversiones situada en Hong Kong. En su calidad de cofundadora de la TLFF junto con las Naciones Unidas y el BNP Paribas, ADM Capital se encarga de garantizar que los proyectos financiados cumplan condiciones de desempeño específicas. 

Satya Tripathi, ex secretario general de la TLFF – fundada por este mismo cuando era director del despacho indonesio del programa de las Naciones Unidas para la disminución de emisiones provenientes de la deforestación y de la degradación de los bosques (UN-REDD) – ocupa actualmente el cargo de secretario general de Global Alliance for a Sustainable Planet). Tripathi explicó a Voxeurop que, en noviembre de 2016, Michelin y su socio indonesiono Barito Pacific contactan a la TLFF tan solo unas pocas semanas después de la inauguración de la plataforma de financiamiento lanzada por la sección medioambiental de las Naciones Unidas y el banco francés.

Esta, cuyo objetivo declarado es “desbloquear las finanzas privadas […] que reduzcan la deforestación y la degradación forestal y restauren las tierras degradadas”, está en busca de un primer proyecto emblemático para atraer a inversionistas responsables. La candidatura de Royal Lestari Utama llega en el momento oportuno. Es una oportunidad muy afortunada para todos los actores involucrados. 

Tras un proceso de certificación cuyo desarrollo, transparencia y sinceridad generan muchas preguntas (ver el capítulo 2 de nuestra investigación), la TLFF concluye, en la primavera de 2018, su  transacción piloto (TLFF I) de bonos a largo plazo de un importe de 95 millones de dólares para “ayudar a financiar una plantación de caucho natural sostenible [...] en dos provincias de Indonesia (2)”. 

El BNP Paribas se encarga de la comercialización de los bonos verdes emitidos por la TLFF, que utiliza el producto de estas emisiones para conceder un préstamo a RLU. Este préstamo debería permitir a la empresa indonesia invertir en el aumento de la producción de sus plantaciones, y por ende de la rentabilidad financiera de los bonos. Así se cierra el círculo. Y de paso, el BNP Paribas y ADM Capital reciben una buena comisión (3)

Socios, inversionistas y asesores de RLU. |  Mighty Earth

Ahora imaginemos a un ecoinversionista europeo manejando su coche eléctrico equipado con neumáticos Michelin. Está recordando las frases del folleto (4) del BNP Paribas que lo convenció de comprar bonos verdes: “Este paisaje, que en otros tiempos era completamente boscoso, ha sufrido una grave deforestación en el transcurso de los últimos años”; “los prestatarios ya han plantado aproximadamente 18 076 hectáreas de caucho antes de diciembre de 2017”; “prevén generar [...] zonas de bosque natural que ofrezcan un hábitat a los tigres, los elefantes y los orangutanes” y “un secuestro de carbono mediante el desarrollo de plantaciones de caucho”. Su dinero está luchando activamente contra el cambio climático y le permite aspirar a perspectivas de lucro. Está encantado.

Deforestar y luego “reforestar” gracias a los bonos verdes

Es una bella historia, pero no se termina aquí. Además, según revela nuestra investigación, esta historia tampoco comenzó en 2014 con un apretón de manos entre Michelin y Barito. En realidad, inició varios años atrás.

La firma de la empresa conjunta tiene lugar apenas unos meses después de la conclusión de una amplia operación de desbroce forestal iniciada en 2010 por una de las filiales de Royal Lestari Utama, Lestari Asri Jaya (LAJ), en la provincia de Jambi (isla de Sumatra), a las puertas del parque nacional Bukit Tigapuluh. Michelin ya sabía bien sobre esta deforestación (ver capítulo 2) cuando entabló un diálogo con Barito Pacific que resultaría en el acuerdo de 2014 – mucho antes de que buscara el financiamiento de sus plantaciones de caucho mediante bonos verdes, a título de…reforestación.

Los agentes de Michelin habían visitado la concesión de LAJ en varias ocasiones desde 2013, el año del lanzamiento de la asociación estratégica con Barito Pacific. (5) Pero, mientras la empresa francesa realiza su estudio de campo y negocia su acuerdo con el conglomerado indonesio, en las concesiones de RLU en la provincia de Jambi, las excavadoras de una empresa propiedad de su socio están reemplazando una vegetación exuberante por árboles de caucho. Estas operaciones tienen lugar principalmente en la concesión de Lestari Asri Jaya, pero la concesión cercana de Wanamukti Wisesa (WMW), más pequeña, también está involucrada (6).

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